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El obispado publica un protocolo de prevención de abusos a menores

La residencia Domus Ecclesiae es la sede del Obispado en Ferrol | jorge meis

La Diócesis de Mondoñedo-Ferrol ha publicado un protocolo de prevención y actuación frente a abusos sexuales a menores y personas vulnerables, acompañado de un código de buenas prácticas. Pretende ser una “guía sencilla y clara” para que los responsables de parroquias, grupos pastorales, centros de formación, instituciones y personas que trabajan en el ámbito educativo y la pastoral ordinaria con menores y adolescentes “dispongan de unos criterios orientadores y unos procedimientos de actuación básicos” ante posibles casos de abusos.


El documento tiene una vigencia de tres años y tiene como objetivo actuar con rapidez y firmeza “ante el abuso sexual perpetrado por cualquier miembro del personal o colaborador en las actividades pastorales llevadas a cabo por la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol”.


En el apartado de la prevención, el documento recoge cómo debe ser la selección de todo el personal que tenga contacto con los menores, con una declaración negativa del Registro Central de Delicuentes Sexuales, además de la firma de un documento de responsabilidad personal. Se debe determinar la idoneidad mediante una entrevista y la investigación adecuada.

 

 

Comisión Protege


Explican la creación, mediante un decreto firmado en febrero, de la comisión Protege de protección y acompañamiento a menores, personas vulnerables y familias, para que sean tratadas en tiempo y forma todas las denuncias. Está constituida por personal laico (la directora, un periodista, un psicólogo y una abogada) y por un sacerdote. Su canal de contacto es el correo electrónico protege@mondonedoferrol.org, sin tener una sede física. “Quienes afirman haber sido víctimas de explotación, abuso sexual o abuso eclesial, así como sus familias, tienen derecho a ser acogidos, escuchados y acompañados”, apunta el protocolo.


Se prevé un programa de formación específico y se hace hincapié en la concienciación y la necesidad de romper con la “lógica de la amnesia” y “ley del silencio” que sufren las víctimas de abuso “y que no hacen más que ahondar en la herida”.


En el apartado de la detección, denuncia y actuación ante el abuso sexual a menores y personas vulnerables se dan indicadores físicos y psicológicos para poder detectar problemas, se explica cómo son las revelaciones (en la mayoría de los casos indirectas) de que se está padeciendo un abuso y se proporcionan consejos para actuar en ese momento de forma que se ofrezca la mejor atención a la víctima. También se insiste en las obligaciones éticas y civiles ante el conocimiento de un caso.


El código de buenas prácticas, por su parte, busca que la Iglesia sea un “espacio protegido” para la infancia pero “peligroso e inseguro para el abusador” y que se cree un “entorno seguro” también para los trabajadores y voluntarios, a partir de pautas claras de comportamiento. Entre ellas figuran recomendaciones de prudencia y respeto en las muestras de afecto, proporcionar modelos de referencia positivos, ser siempre visibles a los demás en presencia de menores, informar de comportamientos potencialmente peligrosos y, en general, respetar la esfera de confidencialidad del menor, así como otras medidas que rechazan entablar conversaciones inapropiadas o favoritismos hacia determinados alumnos.  

El obispado publica un protocolo de prevención de abusos a menores

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