martes 10.12.2019

Nuevos obstáculos para Navantia en el concurso de diseño FFG(X) para la Armada de los Estados Unidos

El último informe del CRS para el Congreso aumenta la incertidumbre en torno al codiciado proyecto
El diseño presentado por General Dynamics Bath Ironworks se basa en la serie F-100 “Álvaro de Bazán” de Navantia | CEDIDA
El diseño presentado por General Dynamics Bath Ironworks se basa en la serie F-100 “Álvaro de Bazán” de Navantia | CEDIDA

El proyecto de construcción de fragatas FFG(X) para la Armada de los Estados Unidos, uno de los concursos internacionales más importantes en marcha y en el que Navantia participa en su fase de diseño, sigue sin gustar a la administración norteamericana, pese a faltar menos de un año para su adjudicación. Tras el informe negativo del GAO –Oficina de Responsabilidad Gubernamental– el pasado mes de agosto, en el que se demandaba más concreción en los requisitos de las naves y una garantía de fabricación más férrea, el proyecto volverá a debatirse en breve en el Congreso, donde siguen encontrando puntos negros en su planteamiento.

Según el último informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS), encargado de supervisar y simplificar los proyectos a debatir la Cámara Baja, el planteamiento de la Armada está más definido que durante la Petición de Propuestas (RFP) del mes de julio, pero siguen encontrando problemas que consideran importante debatir.

Por una parte, el Congreso continúa dudando del modelo de Diseño-Parental –basar los buques en uno ya existente y de eficacia probada– frente al desarrollo de uno completamente nuevo. Este punto es precisamente donde participa Navantia con su serie F-100, dado que la legislación estadounidense prohíbe que naciones extranjeras fabriquen su equipamiento militar, pero sí permite usar sus diseños. La cámara alta, no obstante, sigue sin ver con buenos ojos esta maniobra, pues si bien ayuda a agilizar el proceso de construcción no contarían con la totalidad de la propiedad intelectual del diseño o la capacidad de realizar modificaciones importantes ‘a posteriori’ en el mismo.

Del mismo modo, la Cámara Baja cuestiona el reparto de las tareas de construcción entre diferentes astilleros del país o si sería más conveniente hacerlo en uno solo. En este sentido, el informe destaca los problemas de competencia existentes entre las diferentes compañías y el impacto en el tejido industrial que podría causar dicha elección.

Finalmente, uno de los puntos más espinosos sería la posibilidad de retrasos de necesitar incorporar nuevos buques de combate litoral (LCS) durante el proceso de fabricación. La construcción de las fragatas supondrá una gran carga de trabajo –y económica– para factorías y Gobierno durante más de una década, por lo que se considera un compromiso a largo plazo de alto riesgo. El problema, no obstante, radica en parte en la baja popularidad de esta clase de buques entre la propia Armada, pues en la actualidad resultan menos versátiles que una fragata, pese a tener un coste inferior.

Afortunadamente, la fecha definitiva para la adjudicación del proyecto será en julio de 2020, lo que da margen para continuar el debate sin llegar a solaparse con las elecciones generales de noviembre.

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