Sábado 23.03.2019

El Ideal Room, historia de un hotel modernista para un Ferrol de otra época

A casi un siglo del proyecto original del hotel Ideal Room en 1915, este espléndido edificio de Rodolfo Ucha queda como símbolo de las contradicciones y actual estado de las cosas en Ferrol.

El edificio en 1917 y en la actualidad, con el contraste de la ausencia de los tejadillos	J.M.
El edificio en 1917 y en la actualidad, con el contraste de la ausencia de los tejadillos J.M.

A casi un siglo del proyecto original del hotel Ideal Room en 1915, este espléndido edificio de Rodolfo Ucha queda como símbolo de las contradicciones y actual estado de las cosas en Ferrol. Ubicado en la plaza de Armas, en la confluencia de la calle Real con Terra, el cierre de su último uso en octubre de 2012 como tienda de la cadena Zara es mudo contraste de los tiempos en que la ciudad vivía en las antípodas de su actual parálisis.
Tras la Fonda Suiza (hoy Hotel Suizo) y el propio Hotel Suizo (1913), el Ideal Room fue el tercero de los grandes edificios que Ucha proyectó para usos relacionados con la hostelería. En su referencial trabajo “Rodolfo Ucha Piñeiro y la arquitectura de Ferrol (1909-1949). Diputación Provincial de A Coruña” (2000), Bernardo Castelo, Joaquín Fernández y Rodolfo Ucha Donate destacan el modernismo tardío del proyecto y aseguran que “queda como testigo del intento de Ucha Piñeiro por sintetizar las corrientes más ornamentalistas del pasado más próximo y los postulados del Nuevo Eclecticismo haciéndolo, además, desde la perspectiva de la tradición local”.
Tras el cierre del hotel, y de convertirse en sede del Banco de Bilbao, el edificio vivió una rehabilitación en los años 90 que eliminó uno de sus símbolos más característicos, los tejadillos. Algo que, como se destaca en el citado volumen, da una impresión de “mutilación” estética. En la misma idea incide el periodista Germán Castro en su blog “Acotaciones de un ferrolés” (23 de mayo de 2013).

huéspedes ilustres
El hotel se inauguró el 21 de abril de 1917, con un retraso de un par de años entre su construcción y su inauguración por causas que son desconocidas entre las que se barajan los deseos del promotor nedense, las circunstancias bélicas de la I Guerra Mundial o las dudas estilísticas del propio Rodolfo Ucha. El caso es que desde el primer momento compitió con el Suizo por recibir a los visitantes más ilustres de la ciudad, que entonces no eran pocos. Junto con el hotel, un lujoso restaurante se ubicaba en la parte inferior del edificio. Un acuerdo con el Teatro Jofre hacía que muchos de los artistas que pasaban por Ferrol se alojaran en el Ideal Room.
En su libro de visitas constan populares figuras del momento como la actriz María Guerrero, Raquel Meyer, la Chelito (al lado de Francisco Franco, ya que el futuro dictador se alojaba allí cuando regresaba a su ciudad natal), el pintor Darío Regoyos o el popular pianista local Pepito Arriola, entre muchos otros. Uno de los más ilustres visitantes que se alojó en el hotel, e inauguró el libro, fue el filósofo José Ortega y Gasset, que visitó la ciudad en 1917 para presidir el jurado de un certamen organizado por, nada menos, el Centro Obrero de Cultura.
Cuenta la leyenda urbana que cuando el hotel cerró, abrió otro en la calle del Sol, el hotel Ideal R, que mantuvo las mismas iniciales para aprovechar buena parte del material (mantelería, cubertería, etc.) que había pertenecido al Ideal Room.   

memoria de julio varela
El actor y traductor ferrolano Julio Varela, que emigró en los años 60 a Gran Bretaña (fue el intérprete de Pinochet ante la corte británica y trabajó con actores y cantantes como Alec Guinness, John Hurt o Rod Stewart) recordaba en una entrevista en Diario de Ferrol (el 22 de octubre de 2006), luego recuperada en el libro “Ferroláns de seu” (Edicións Embora), sus inicios como botones en el Ideal Room a finales de los años 40.
Además de destacar al edificio y sus visitantes, dice Varela: “Dejé de estudiar a los 12 años por motivos económicos y me empleé en el Ideal Room. Allí trabajaba un cocinero que había vivido en Francia y se ofreció a enseñarme el idioma. A los 14 años era el único del hotel que hablaba con los turistas y comencé a sentirme  útil. Luego entre en la academia de Langtry y de forma autodidacta  aprendí el inglés. Mientras hacía recados memorizaba vocabulario porque en el hotel no podía estudiar. Me acordé de esa etapa cuando me llamaron del alto tribunal inglés por lo del juicio a Pinochet. Como botones también recuerdo hacer de recadero entre Otero Pedrayo y Torrente Ballester, para que lo visitase en el hotel. De aquella había muy pocos teléfonos”

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