El huerto ecológico de Ferrol que integra y rompe barreras

El obispo de Mondoñedo-Ferrol visita huerto urbano ecológico promovido por Cáritas diocesana

Canido es el barrio alto de Ferrol y el edificio de la Domus Ecclesiae, la sede de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, ocupa una tranquila atalaya a cuyo alrededor aparecen callejuelas, casas de planta baja y no pocos terrenos de cultivo.


Y eso que es pleno casco urbano de la ciudad. Junto al inmueble, en superficie propiedad de esa misma Iglesia, un huerto ecológico coge impulso gracias a Cáritas, que este viernes ha celebrado una jornada de puertas abiertas.


Fernando García Cadiñanos, obispo desde el final del pasado verano, ha conocido la actividad que allí lleva a cabo la organización gubernamental.


La directora del centro de día de la entidad, Cristina Pereiro, no descuida que el prelado está en boca de muchas personas y colectivos en apenas unos meses. Se ha reunido por primera vez con sindicatos, ha tomado parte en movilizaciones por diferentes problemáticas laborales y ha mostrado clara inquietud por las desigualdades en una comarca en crisis.


Esta huerta "comienza a crecer desde diciembre", cuenta Pereiro.

"La idea inicial es fomentar la participación de personas en riesgo de exclusión", afirma, pero este proyecto va más allá y apuesta por el sentimiento de "pertenencia a Canido", por ayudar a seguir haciendo barrio.


A varios migrantes se fueron uniendo ciudadanos sin hogar que están adheridos a iniciativas de Cáritas por "falta de vivienda, de vínculos o de redes" que faciliten su vida cotidiana.


Sobre García Cadiñanos, expresa que es "una persona muy de Cáritas" y resalta que es "conocedor, se acerca" al huerto y sabe lo que allí se está gestando.


Con unos "números que van fluctuando", principalmente por la movilidad que caracteriza al colectivo sin hogar, los oriundos de la comarca y los migrantes suelen sumar en torno a la quincena de miembros activos. Entre ellos, algunos que han solicitado asilo tras abandonar abruptamente sus países de origen.


Pereiro sostiene que ven "la oportunidad de conocer gente" e incide en el factor "boca a boca" como facilitador del impulso a la huerta. Dispone de una monitora, que también está al tanto de lo que a pocos metros, en el mismo barrio, se realiza en otro plan semejante que respalda la entidad vecinal. La siembra o la poda de frutales son solo algunas de las labores que completan los participantes.


Destaca cómo se sumergen en los "principios de la agricultura ecológica" dos veces cada semana y tres horas en cada una de esas jornadas. Al aire libre, como la situación sanitaria ha recomendado en los dos últimos años, también se derriban muros para personas con una pesada mochila a su espalda. Deseosas de abrir una nueva vida, de olvidar el dolor que les hizo marcharse para buscar oportunidades de mejora.


Dice Cristina Pereiro que cuando "están en la naturaleza y sintiendo que es algo suyo se crean vínculos de amistad".


Es como "si esas barreras desaparecieran", como si no existiesen diferencias de cultura y desembocasen en un cauce común todo tipo de opiniones y sensaciones. Al final, resulta que el producto que se cultiva para después alimentar también nutre las almas de gentes con las mismas esperanzas, las de una vida que garantice la sonrisa. 

El huerto ecológico de Ferrol que integra y rompe barreras

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