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Existen cerca de 250 aldeas abandonadas en los municipios de las tres comarcas

El lugar de Figueiras es uno de los núcleos del concello de Narón que lleva más de quince años sin ninguna persona empadronada, en la parroquia de Sedes | emilio cortizas

En las comarcas de la zona se han registrado poco más de 250 núcleos de población consolidados que no tienen habitantes. Son cifras del Instituto Nacional de Estadística, que identifican las unidades con población igual a cero en el padrón continuo del año pasado. Los municipios que ganan en número de aldeas abandonadas son As Pontes de García Rodríguez con 47, Ortigueira con 45 y As Somozas con 42 lugares vacíos.
 

No obstante, al establecer el ránking de ayuntamientos con menos sitios sin gente que viva allí, destacan los de Fene y Neda con 3, Ares con 5, así como Pontedeume y Narón con 6. Mientras tanto, también hay concellos que mantienen todos sus pueblos con personas empadronadas, como es el caso de Ferrol, Mugardos y Cabanas.
 

Se trata de lugares con nombre propio en los que hoy hay casas de un pasado, en mejor o peor estado, que en su día albergaron vidas humanas. A veces el topónimo apenas ha llegado a trascender debido a la limitada extensión y capacidad del lugar. Si se contemplasen también este tipo de núcleos, las cifras se multiplicarían.
 

Tras el éxodo rural proliferó la oferta de aldeas abandonadas en venta y quizás ahora exista una emigración urbana. Muchas veces, la compra se realiza con el fin de crear un negocio relacionado con el turismo sostenible, lo que es comprensible debido a la extensión que se adquiere y a la tendencia social de vivir en entornos naturales.
 

Ejemplos

En Monfero existe un lugar que encaja en la descripción de aldea abandonada. La aldea comprende casi 15.000 metros cuadrados. Posee tres viviendas para rehabilitar, un hórreo y tres anexos, de los que se destacan dos de ellos como útiles para la construcción de una cuarta vivienda.
 

La responsable de la inmobiliaria define la aldea como un posible proyecto de agricultura, turismo o incluso para una familia, dada la distribución de las edificaciones. Es decir, hay viviendas más separadas entre sí que otras, en las que podría albergarse el ocio familiar compajinado con un negocio.
 

La casa principal tiene trescientos metros cuadrados construidos, distribuidos en dos plantas principales y un bajo cubierta, este último con posibilidades de destinarse a múltiples fines. La planta baja tiene dos puertas, una hacia cada fachada, además de disponer de cocina, despensa y una cuadra “preciosa con detalles singulares”. El primer piso consta de un recibidor, cinco habitaciones, un baño, un gran salón y una terraza con vistas a la finca.
 

Junto a este edificio se encuentran otras tres construcciones diferentes: el hórreo, una bodega y un anexo que incluye un gran horno. Este último posee las dimensiones y potencialidades como para hacer de él una nueva vivienda. En la misma parcela se levanta una pequeña casa de cincuenta metros cuadrados repartidos en dos plantas. Se encuentra en estado de ruina, ya que solo se conservan los muros y una parte del tejado. La tercera vivienda tiene 160 metros construidos, con suelo de madera y está cubierta por un tejado de losa.
 

Otra aldea abandonada se encuentra en el municipio de A Capela, localizada junto al Parque Nacional de As Fragas do Eume y orientada al sur, esta aldea cuenta con varias casas de piedra para restaurar que suman un total de 540 metros cuadrados de edificaciones, así como nueve hectáreas y media de finca. Además, tiene electricidad a su disposición y tres manantiales propios que la abastecen sobradamente durante todo el año.
 

El importante patrimonio natural que constituye el entorno no se enfrenta, en este caso, a las comunicaciones. El terreno presenta un acceso sencillo por carretera, ya que se encuentra a escasos 19 kilómetros de la Autopista del Atlántico o AP9. Asimismo llama la atención los 14 kilómetros de distancia que separan al pueblo del mar.
 

Solo se trata de dos ejemplos de antiguos núcleos que hoy están deshabitados y se han localizado con su respectiva oferta de venta. El mercado que se ocupa de este tipo de propiedades tiende a ser más discreto que el de las inmobiliarias que venden viviendas particulares habituales.
 

Por este motivo, si alguna persona está interesada en la compra de una aldea abandonada, es recomendable la visita a la misma y la información de primera mano.

Existen cerca de 250 aldeas abandonadas en los municipios de las tres comarcas

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