jueves 09.07.2020

El Covid-19 ha causado la muerte de 20 mujeres y 13 hombres en Ferrolterra

El área sanitaria encadena cuatro días sin nuevos positivos y los casos activos bajan hasta los 22
Imagen del minuto de silencio – el luto oficial durará diez días– guardado por corporación municipal y ciudadanos en la plaza de Armas y secundado en todo el país | daniel alexandre
Imagen del minuto de silencio – el luto oficial durará diez días– guardado por corporación municipal y ciudadanos en la plaza de Armas y secundado en todo el país | daniel alexandre

La pandemia de coronavirus ha provocado 33 muertes hasta el momento en el área sanitaria de Ferrol y secuelas físicas y psíquicas –además de las sociales derivadas de la crisis económica– todavía indeterminadas. El azote no ha acabado –22 casos activos se reportaban ayer en la zona, dos de ellos ingresados, aunque han pasado cuatro días sin ningún contagio nuevo– pero la situación permite una pausa para la reflexión. A las doce del mediodía de ayer se guardaba un minuto de silencio en memoria de los fallecidos en todo el país, dentro de los diez días de luto oficial que empezaban a medianoche y que durarán hasta el 6 de junio. Las banderas están a media asta.

Los municipios de Ferrolterra secundaban esta convocatoria y también cientos de ciudadanos, invitados a hacerlo en los lugares en los que se encontrasen en ese momento para evitar aglomeraciones. El recuerdo de las víctimas, del terror colectivo pero sobre todo del sufrimiento individual de cada una de ellas y de sus familias, se abre paso en medio de una cascada de números.

La primera víctima en Ferrol fue una mujer de 77 años, Marta Soto, que falleció en el hospital Juan Cardona el 22 de marzo. Su familia hizo especial énfasis en poner cara y vida a una tragedia que se deslizaba en silencio detrás de datos como la edad o el añadido de que los pacientes tenían “patologías previas”. La mayoría de los fallecidos las tenían, según consta en los informes médicos, y también la mayoría se acercaban más a la “cuarta edad” (a partir de los 80) que a la tercera, pero fuera cual fuese su estado físico, sus problemas de salud o su nivel de actividad, su tiempo no habría acabado si no se hubiesen cruzado con el SARS-CoV-2.

Ese mismo día, el 22 de marzo, murió en el Arquitecto Marcide otra mujer, de 92 años. Fueron las dos primeras defunciones de un goteo interminable a finales de marzo y durante todo el mes de abril. El 3 de mayo, domingo, recién estrenada la posibilidad de salir a dar paseos de una hora tras semanas de reclusión, se marcaba el día más funesto, con cuatro muertes. La última defunción por coronavirus hasta hoy es la de una mujer de 86 años, cuyo óbito se conoció el 9 de mayo.

Entre 64 y 100 años

La mayoría de las personas fallecidas, incluidas tres de la residencia As Fragas, en Pontedeume (donde hubo el brote más difícil de la zona, entre residentes y trabajadores) fueron mujeres. Del total de 33, 20 eran de sexo femenino y 13, varones. Esto puede tener que ver con las edades y con la estructura poblacional de las comarcas. A partir de los 65 años, según los datos del último padrón, en Ferrol, Eume y Ortegal  las mujeres superan en número a los hombres en más de 8.000. A partir de los 85 años, los doblan.

Los fallecimientos por Covid-19 incluyen a una mujer de cien años. El muerto más joven es un hombre de 64. En la franja de edad entre los 60 y los 70 años hubo tres defunciones (una mujer y dos hombres). Entre los 70 y los 80 fueron diez (cinco y cinco). El grupo de edad más castigado se situó entre los 70 y los 80 años, con ocho mujeres fallecidas y cinco varones. De 90 a 100 años hubo seis decesos.

Los detalles o el silencio en torno a estas muertes dependieron de lo que su entorno hizo trascender. Lo que todas tuvieron en común fue una situación de duelo excepcional, con restricciones durísimas en cuanto al número de personas acompañantes (limitadas a tres) y rodeadas de incertidumbre e incluso de cuarentenas de familiares, que podían a su vez ser positivos. La muerte durante estos meses, por coronavirus o por otras causas, ha sido un trance cruel y solitario.

A mediados de abril comenzó a funcionar en el área sanitaria un protocolo especial precisamente para permitir el acompañamiento a pacientes con mal pronóstico, para facilitar la despedida, con apoyo de enfermeras y otros profesionales y un circuito específico. Para los enfermos de la UCI (llegaron a ser 17, ahora hace 15 días que no hay ninguno con Covid activo) se habilitaron videoconferencias con familiares.

Los datos de casos activos han bajado en las últimas semanas hasta los 22 de ayer, desde un máximo de 407 que se notificaban el 28 de abril. Una veintena de ellos están en sus domicilios. Se han dado 554 altas epidemiológicas (en ocasiones, las consecuencias del coronavirus fueron tan graves que los pacientes siguieron en la UCI e incluso fallecieron tras haber superado el virus). En los últimos cuatro días, estas altas se corresponden exactamente con el descenso de activos, por lo que no ha habido contagios nuevos. Las cifras son esperanzadoras pero la herida permanece.

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