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Los colores de la obra de Anton Eguiguren lucen en uno de los muros del barrio de Canido

El artista con su interpretación del cuadro “Las Meninas” de Diego Velázquez, a punto de terminarlo | emilio cortizas

Anton Eguiguren tiene 76 años y ha venido al encuentro de Las Meninas de Canido para pintar su “graffiti”. El festival de arte urbano atrae a autores de múltiples puntos del país, como en este caso, que llega desde el municipio costero de Zumaia, en la provincia vasca de Guipuzkoa.


Conoció la iniciativa a través de la recomendación de una parte de su familia, con la que finalmente vinieron al certamen él y su mujer, Paz, quien le ayudó con la obra. Los miembros que le aconsejaron acercarse ya habían visitado en varias ocasiones la comarca de Ferrol gracias al mundo del surf, a diferencia de la pareja, que se estrenaba en la ciudad.


Además, la respuesta positiva de la organización sobre el boceto de la pintura, sumado a los vínculos anteriores, animaron al artista a participar en el certamen y de paso a hacer turismo por las playas, de las que tan bien había oído hablar a sus parientes. Tras el descubrimiento, tanto Anton como Paz se mostraron encantados con la zona y con la iniciativa del barrio.


Al respecto mencionaron que desconocen la existencia de un proyecto similar, aparte del caso de un barrio en New York, por lo que su sorpresa al encontrar algo así en Ferrol se hizo mayúscula. De todos modos, ambos sugirieron que se podría establecer un período de ciertos años para que el artista tenga la oportunidad de renovar su obra, o pasado el plazo se podría destinar el espacio para otro autor. Se trata de una recomendación que hace la pareja con el fin de evitar un aspecto descuidado, en favor de un espacio más vivo y dinámico.


La obra que realizó en el barrio ferrolano es su versión del famoso cuadro de Velázquez, al que admira, donde quiso reflejar algunos de los elementos clave del mismo, como son las propias meninas, los reyes, el retrato del autor barroco o el gato en lugar del perro. No fue su primera opción, pero sí la definitiva, ya que al principio pensaba representar una “menina negra” al estilo de Basquiat, una idea que quizás ponga en práctica el año que viene. La localización también sufrió transformaciones, ya que al llegar a Canido, el artista escogió la fachada de un edificio que finalmente tuvo que descartar. La elección final fue un muro que se encuentra en un recinto propiedad del Mesón Rías Altas, justo frente al “graffiti”.


El autor lleva toda la vida pintando, aunque no le había dedicado tanto tiempo hasta ahora que está jubilado. Sus oficios anteriores eran fotógrafo y productor de anuncios publicitarios. De la misma manera que el artista ha transformado su ocupación, el cambio forma parte de su trayectoria. El estilo y los materiales que utiliza no siempre fueron los mismos, ya que antes pintaba siguiendo la corriente artística del naíf, con óleo, y en otras ocasiones lo que más le gustaba era escandalizar.


La extensa experiencia de Eguiguren le proporcionó la oportunidad de exponer en numerosas salas, entre las que se podría destacar la muestra que hizo en el distrito neoyorkino de Manhattan, por ser la más internacional. 

Los colores de la obra de Anton Eguiguren lucen en uno de los muros del barrio de Canido

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