Sábado 19.01.2019

Un pajar convertido en cine en pleno corazón de Galicia

 

La idea de llevar el séptimo arte al mundo rural suena singular. Pues lo han hecho con un antiguo pajar y un juego de palabras, del “Cinema Paradiso” y su entrañable Totó, un niño siciliano que descubre su pasión por el celuloide con el bueno de Alfredo, al “Cinema Palleiriso” patrio, recubierto con chispazos de ingenio.

 

El creador Anxo Moure en el “Cinema Palleiriso” | eliseo trigo (efe)
El creador Anxo Moure en el “Cinema Palleiriso” | eliseo trigo (efe)

La idea de llevar el séptimo arte al mundo rural suena singular. Pues lo han hecho con un antiguo pajar y un juego de palabras, del “Cinema Paradiso” y su entrañable Totó, un niño siciliano que descubre su pasión por el celuloide con el bueno de Alfredo, al “Cinema Palleiriso” patrio, recubierto con chispazos de ingenio.
Un pajar remodelado y un proyector enmarcado en madera de abedul dan forma a “Cinema Palleiriso”, una iniciativa que va cobrando cada vez mayor éxito y que se puso en marcha en 2014 en Chantada (Lugo) con la colaboración de sus habitantes y con la voluntad de volver a disfrutar de la experiencia de tener una sala de cine en un entorno único. Tal planteamiento es fruto de la voluntad de un hombre, Anxo Moure, un cuentacuentos natural de esa zona que recuerda con nostalgia su niñez, cuando había dos cines en el pueblo, y que quería que los más jóvenes pudiesen sentir lo que él había experimentado en aquellas salas. “Hasta ahora el cine ha sido visitado por más de 3.000 niños de toda España que, además de disfrutar del mismo, también han podido conocer la naturaleza que lo rodea”, contó Moure.
Moure lanzó este ambicioso diseño sin ánimo de lucro junto a los miembros del Cinecuble Os Papeiros, también de Chantada, y el apoyo de la Federación Galega de Cineclubes. “Cinema Palleiriso” hace evidentemente un juego de palabras con “Cinema Paradiso”, el clásico cinematográfico de Giuseppe Tornatore, y “palleiro”, el término que en gallego designa al pajar, un elemento más que habitual en áreas del rural, como precisamente Chantada.
“Este pajar no almacena paja o maíz, en él estamos almacenando imágenes, sonidos, educación y algo muy importante, recuerdos”, asegura Moure, que espera que los que visiten la sala “sigan recordando, dentro de muchos años esta experiencia”. Este particular cine no tiene nada que ver con las salas a las que estamos acostumbrados, ya que no está aislada. “La lluvia y los truenos, cuando los hay, forman parte de la banda sonora de la película”, desvela el cuentacuentos. l

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