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Macron y la “realpolítik”

Decía Oscar Wilde que todo santo tiene un pasado y todo pecador un futuro, consideración que bien podría aplicarse a los políticos franceses de los últimos años.

El pasado mes de septiembre en el Eliseo sintieron impotencia, indignación y rabia incontenida. Tal malestar fue debido a la cancelación por parte de Australia del contrato para construir 12 submarinos en el astillero de Saint-Nazaire, pérdida que supuso unos 60 mil millones de euros para Francia. O eso dicen.

El ministro francés de asuntos exteriores, Jean-Yves Le Drian, lo tildó de “puñalada por la espalda”. Palabra gruesa. Pero bien mirado no le debería sonar tan extraña porque ese tipo de navajazo es practicado con frecuencia por la clase política gabacha en la bella ciudad del Sena.

En cualquier caso la moneda siempre tiene dos caras. Y la que no quieren mostrarnos es que en el Elíseo deseaban fervientemente formar parte de la nueva alianza creada por Joe Biden, Boris Johnson y Scott Morrison. La intención de Macron era asegurar la influencia de su país en la región del Indo-Pacífico. Pero quedó fuera.

Los mal pensados dicen que la “indignación” de Macron no fue tanto por los dineros perdidos, que también, sino por lo poco que lo valoraron y también por la futura pérdida de peso de París en la región. Teniendo en cuenta que el país galo posee algunas pequeñas colonias por esos lugares.

En todo caso, hay que matizar que en el Elíseo nunca tuvieron escrúpulos a la hora de romper contratos. El último, por poner un ejemplo, fue el que canceló el ex presidente Holland con los rusos, negándose –debido a la anexión de Crimea– a entregarles dos portahelicópteros de la clase Mistral que Francia estaba terminando de construir para ellos.

Los que en este país defienden a capa y espada las políticas del Elíseo tal parece que creen que los que viven allí son una suerte de frailes cartujos. Pero no nos engañemos, porque en su interior ha ocurrido de todo desde que Marie-Anne Crozat, su primera inquilina, se instalara en él en 1720.

El relato oficial y oficioso nos dice que la cancelación contractual de los submarinos y la alianza AUKUS los cogió allí por sorpresa. Sin embargo, lo ocurrido entra en la más pura lógica geopolítica de estos tiempos.

Empezando porque en el mundo anglosajón no confían demasiado en los países que no pertenecen a él, pues, como no podría ser de otra manera, son conscientes de que a medida que vaya creciendo el enfrentamiento con China algunos que hoy prometen “lealtad” pueden romperla mañana.

Lo cierto es que en geopolítica los intereses están por encima de cualquier consideración, las lealtades son mayormente de conveniencia. Siempre fue así. Salvo en aquellos casos excepcionales en los que existen unos fuertes lazos culturales y de sangre.

Hoy a nivel global está sucediendo algo parecido a lo que ocurría en la Europa de la Edad Media en que todos se posicionaban contra todos, con lo cual las lealtades en muchos casos duraban lo que duraban.

Pero volviendo al Elíseo. Han transcurrido casi dos meses del gran enfado francés, por lo tanto, a pesar de que en estos días en las reuniones del G-20 de Roma el presidente norteamericano, Joe Biden, trató de limar asperezas con Macron, nadie sabe si éste continuará con sus propósitos de ningunear la OTAN. Animando a algunos de sus miembros a crear un ejército europeo comandado por Francia; algo con lo que siempre soñaron en París.

Nadie sabe qué hará el francés. Porque también hay señales de que desea jugar la “carta India”, preparando un acercamiento más fluido con Nueva Delhi en el campo político-militar. Jugada arriesgada, dicen, teniendo en cuenta que el país de Gandhi mantiene una relación militar especial con Moscú. A esto hay que añadir que la India es miembro de la Organización para la Cooperación de Shanghái (SOC) en la que están Rusia, China, Pakistán y otros 6 países.

Otros creen firmemente que Macron no irá lejos en su “revancha”, porque ni es gaullista ni tampoco es Marie Le Pen. Pero las elecciones presidenciales se acercan y ya hay partidos que después de lo visto están reclamando una vuelta al gaullismo. Así que, la cosa está que arde.


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