Cuando la locura y el racismo se lían a tiros

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andan los americanos medio conmocionados con los dos tiroteos masivos casi simultáneos que se cobraron más de treinta vidas. Y solo andan medio conmocionados porque, según las estadísticas, todos los días se producen en el país dos de estos ataques en los que resultan heridas o muertas más de tres personas. Es decir, que lo de las masacres es más o menos habitual en ese país que se atribuye el papel de ser la reserva moral de occidente. Sin embargo, más allá del odio que encierran unos ataques de tinte xenófobo, sorprende más la reacción de sus políticos que se aferran a un texto del siglo XVIII para permitir que sus ciudadanos puedan andar por la calle armados hasta los dientes. Y, mientras tanto, Trump, a lo suyo: “Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, no las armas”, dijo el presidente norteamericano sobre los sucesos de hace unos días. La pregunta que cabe hacerse es qué harían las enfermedades mentales y el odio si no tuvieran gatillo que apretar. FOTO: Donald trump, como acusando | aec

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