Un vocabulario ridículo para pasar por gracioso

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SI apodar a Fernando Romay “el enano” o a Carmen de Mairena “la guapa” es absurdo, también es disparatado alcumar “el bigotes” a quien tiene su jeta lampiña entre el labio superior y la nariz. Quizá en algún momento lució un mostacho como el del kaiser Guillermo II, pero ahora su rostro parece el culito de un bebé, pese a lo caras que van las hojas de afeitar en el economato de la cárcel, que es donde tiene fijada su residencia Álvaro Pérez, alias “el bigotes”. De vez en cuando sale y llega incluso a darse una vuelta por el Congreso para declarar en la comisión sobre la corrupción. Allí tiró de diccionario Bigotes-Español, Español-Bigotes para pasar por un tipo gracioso y se refirió al ministro Catalá como “un vendedor de chochonas”, afirmó que el marido de Cospedal “soltaba el mondongo” en el PP, habló de los “profesionales de la felación” que acuden a las “tontulias”, acusó a Tardá de “ser peor que en la tele”... Para decir semejantes parvadas era mellor quedar na casa o en su caso, na cadea. FOTO: el desbigotado bigotes | efe

Un vocabulario ridículo para pasar por gracioso