El nefasto efecto de la cortesía en el fútbol

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LOS estudiosos del deportivismo, que los hay –cada uno es muy libre de tener las perversiones con las que más disfrute– aseguran que el fútbol que gusta en A Coruña, ya desde antes incluso  de Chacho, es el de toque. Ese amor, como ocurre con el orden sacerdotal, debe de imprimir carácter, porque en el equipo actual no mete la pierna nadie. O zoco lo meten bastantes jugadores, pero la pierna, ni el primero. El partido del domingo en Huesca fue una oda a la cortesía sobre el césped. Incluso en muchos momentos dio la impresión de que los blanquiazules se apartaban para no entorpecer el paso a los rivales. De Anquela afirmaban cuando se supo que era el elegido por Carmelo del Pozo que sus equipos entraban duro, pero o era mentira o el Anquela que llegó a Riazor no es el auténtico, pues falta por ver que alguno de sus jugadores se llevase un balón dividido. Menos mal que “esta hinchada nunca se rinde”, porque si no al próximo partido en casa iban Paco Zas y dos más. FOTO: anquela hace un gesto como si le hubiese golpeado en una zona muy sensible | alfaquí

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