No nos quieran tanto

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nuestro gobierno está empeñado en alimentar nuestras almas con soflamas grandiosas sobre un futuro prometedor hasta el punto de olvidar nuestro presente. Las palabras recientes de Sánchez explican a la perfección el sentido de esta afirmación: “la alarma es pasado, las vacunas el futuro” y del presente ni “mu”.
Me cuentan que la factoría Moncloa ha decidido que el presidente solo haga intervenciones públicas con mensajes positivos y deje las malas noticias para sus adláteres. Resulta que cuando hablas con la gente del común, sus preocupaciones se centran en el hoy, en su trabajo o la falta del mismo, en su familia y el fin de mes, en sus hijos parados con los que conviven hasta más allá de los cuarenta años, en sus deudas y sus fallidos negocios a la negra sombra de la pandemia, en definitiva, en las cosas del vivir de cada día. 


Pensar hoy en el futuro es un lujo al alcance de muy pocos, pero la pertinaz insistencia gubernamental de borrar el presente choca de bruces contra el muro de la realidad. Muchos temen no superar el presente que les pudiera permitir disfrutar del paraíso futurista dibujado desde el poder. Lo curioso o indignante, depende del color del cristal con que se mire, es que todo lo hacen por el pueblo y para el pueblo, por nosotros en definitiva y aquí es donde surgen todas las preguntas: ¿no son conscientes de nuestro sufrimiento?,¿no sienten empatía?,¿no comprenden que no podemos más?
Las disputas subidas de tono entre los políticos nos alejan cada día más de nuestro gobierno, no viven nuestra realidad, la de un pueblo tranquillo y resiliente que solo quiere vivir su vida y en paz, como cantaba Jarcha allá por 1976. 


No se ve en la calle la crispación que se ve en el parlamento, la presión social no está echando leña al fuego, todo lo contrario, la ciudadanía se ocupa y preocupa por superar el día a día y prepararse para superar también el día siguiente. El futuro es, para muchos, el día de mañana y el pasado es ayer. Cuando todavía arrastramos las secuelas de la crisis post-Zapatero y nos metieron en una nueva crisis sin cerrar la anterior, resulta muy complicado creer en un futuro prometedor incluso para los más optimistas porque al mismo tiempo que nos prometen el mejor de los futuros, nos anuncian que en cuanto levantemos cabeza nos regalarán una subida de impuestos generalizada que nos helará el corazón. 


Entre crisis y sablazos esto es un “sin vivir”, bueno sería que los gobernantes recordaran a Mecano: “Entre el cielo y el suelo hay algo con tendencia a quedarse calvo…” porque esos somos nosotros y ese es nuestro presente. Es bueno alimentar al alma sin duda, pero a la vez, hay que alimentar nuestros cuerpos y si no, falla la ecuación, no pensar en ello es lo que separa nuestra realidad de la de nuestro gobierno. No nos quieran tanto…y quiérannos mejor.

No nos quieran tanto