El pensamiento crítico

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a semana pasada fue pródiga en noticias. Más de cuatro millones de parados; 900.000 trabajadores en ERTE; cerca de 600.000 autónomos mano sobre mano y el 40,7 por cien de paro juvenil, dos generaciones de jóvenes estranguladas por las crisis sin que entre todos los gobiernos presenten un plan de empleo para ellos.


Más indicadores. Los salarios sufren su mayor caída en medio siglo; los ingresos del sector hotelero se hundieron un 73 por cien; la venta de coches baja un 45 por cien; El Corte Inglés, “termómetro de la economía española”, prepara la salida de 3.000 empleados y los bancos despedirán a 17.800. Añadan el goteo de muertes por Covid; el vandalismo en Cataluña; las largas colas del hambre; la división del Gobierno; la crisis institucional; Villarejo, el monstruo que crearon y ahora amenaza a todos y al Estado, anda suelto…


Bueno, pues con este panorama económico, sanitario, político y social, ¿cuál creen que fue el problema que acaparó la atención de medios y tertulias la semana pasada? ¡Bingo!: la vacuna de las infantas Elena y Cristina en Abu Dabi cuando visitaron a su padre desterrado en ese país.

Esta noticia, que interesa poco a los españoles, las irregularidades del Rey emérito, que rendirá cuentas ante la justicia, la apisonadora de diseño para machacar las armas de Eta y otras historietas fueron los comodines que sacó el Gobierno -mañana sacará otros- para desviar la atención de su incapacidad ante la crisis que destroza al país.


Circula por la red un diálogo en el que el presidente pregunta a Redondo: “Iván, nos han afectado mucho los datos del paro?” y el asesor le contesta: “ Naaah, les he soltado el hueso de la vacunación de las infantas y están royendo como ratas”. Esta conversación imaginada por un internauta es verosímil, se ajusta a la forma de manipulación de ambos personajes. Hacen como Harry Truman que decía a los enviados a misiones especiales “si no puedes convencerlos, confúndelos”.


El problema no es un Gobierno que miente y manipula –casi todos lo hacen–, el problema son los medios, los comentaristas y el pueblo que muerden el cebo y aplauden los “hechos alternativos” y las mentiras oficiales. “Cuanto más veo la tele, leo los diarios y oigo la radio menos entiendo lo que pasa”, reflexiona un tuitero. “Esa es la idea”, dice otro.



¿Cómo evitar tanto lavado de cerebro? Pues con el pensamiento crítico que, dice el profesor Marcelino Agís, “é o antídoto eficaz contra o pensamento único, a manipulación e a mentira”, que practica el Gobierno con el manual de la factoría Redondo que difunde con insistencia asuntos menores para ocultar los verdaderos problemas. Por eso es obligado cultivar el arte de pensar. 

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