Natxo se merece una última oportunidad

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El Deportivo pasó de tener un entrenador casi flipado como Seedorf, que no se apeaba la sonrisa de la boca, a un vinagrillo como Natxo González, serio hasta cuando le cuentan un chiste. Quienes le conocían juraron y perjuraron en cuanto aterrizó en A Coruña que era un hombre de trato complicado, pero como Tino no lo había contratado para hacer monerías que distrajesen a la afición cuando el equipo jugase mal, su carácter era lo de menos. Pero el equipo empezó a jugar mal y entonces sí que surgió un problema y serio, además. Tanto que le costó el puesto. En su despedida demostró que bajo la cara de palo se esconden emociones –se le enrojecieron los ojos– y retranca: “Lo siento, porque habéis perdido una oportunidad; cada tres años logró un ascenso y este tocaba”. Que no tiente a Tino, que es capaz de destituir a Martí antes del último partido para que se siente Natxo en el banquillo y lleve al equipo a Primera.

Natxo se merece una última oportunidad