Desaliño y gobernanza

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La Marea, nacida para vencer, ha quedado trasquilada en medio año de bajamar. Prometiera acabar con la casta, la corrupción y la inoperancia… y nos encontramos que de tal Edén nada de nada, y si te he visto no me acuerdo. Incluso a nivel práctico su rendimiento ha sido escaso y abundan más los detractores que quienes aplauden. Buscaron en el desaliño su gobernanza olvidando que el hábito no hace al monje, igualito que con precisión cronométrica soslayaron la advertencia que aunque la mona se vista de seda, si mona era, mona se queda…
No vale teorizar y navegar por las nubes cuando se trata de resolver problemas cotidianos. Tampoco es buena actitud enfrentarse con todos, pues se necesita la colaboración ajena. Cien ojos ven más que dos. Acuerdos. Desacuerdos. Orden. Contraorden. Caos y despropósitos que dejamos en el camino a ninguna parte. Obras públicas que no se reciben. Túneles cerrados que obstaculizan la fluidez de tráfico taponándolo. Da la impresión que desde María Pita hacen la puñeta al vecino coruñés con decisiones incomprensibles. Ahí están los presupuestos, indispensables para caminar, que ni por casualidad se aprueban. Encima cuelga una espada de Damocles como nudo gordiano del IBI y otros impuestos amenazando el bolsillo del contribuyente. Primero sí, adelantando la duplicidad anual sobre los inmuebles; después, no; pero condicionando su abono a quienes lo tengan domiciliado en una entidad bancaria. Más adelante –retraso de pago a proveedores– se buscarán otras contribuciones para allegar fondos. 
Venían a mejorar nuestras economías por otros sistemas más justos y la realidad conforma este lance según declina la tarde. Acaso la Marea, nasía pa’ganá, no deja de ser un mantra con menos olor a incienso de sacristía y más al que queman los santones hindúes. Nuestro ejecutivo municipal nos hace añorar aquellos sábados de bienestar…

Desaliño y gobernanza