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Me pregunto que si cantara, negro sobre blanco, aquello de “alce mi copa, para brindar por tu muerte“… (de la antigua canción “copa de vino”, compuesta su música y letra por el autor Javier Solís), algún ínclito cabrón podría acusarme de cometer un delito, y me mangarían cinco años de trena. O si armado de una infinita paciencia y una silla, me sentara ante la sede de cualquier partido político, ministerio, palacio, o centro religioso, se podría, aplicándome el refrán que dice “siéntate a la puerta de tu casa, verás pasar el entierro de tu enemigo” culparme de “instigación al defenestramiento institucional” o cualquier otra chorrada, que me llevara  a una celda de alta gama en cualquier hotel penitenciario de cuatro estrellas, dependiente del Estado.
Y es que estoy muy preocupado por si, algún día, llevado de mi intrépido ímpetu, se me escapara algo subliminal y pudiera ser duramente reprimido.
 

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