Retablo erótico

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Nuestros políticos parecen arrancados de un retablo erótico. Cuspidiños –jóvenes y jóvenas, seniles y senilas– a figuras pintadas o de talla que representan en realidad cuanto vivimos. Están inspiradas en los cuatro tomos de la enciclopedia del erotismo recopilada por Camilo José Cela. Así la primera hornada, fraguada en facultades universitarias -democracia asamblearia a mano alzada-, continuada en las acampadas de Sol y cruzada anticasta y antisistema para coger el cielo con las manos. Iglesias embolsándose dinero venezolano e iraquí, logrando escaños europeos y ejerciendo tiranía pura y dura sobre un partido para que nada escape de control. A la misma altura un tal Alberto Garzón recolectando votos para su jefe, un intelectual Monedero que no las tienen todas consigo y un Echenique que ha confesado –víctima del sistema– haber contratado un empleado doméstico con dinero negro y forma ilegal… Como ven poca cosa, simples pijos afectados por masturbaciones mentales, mientras no cortaban la coleta y seguían dando besazos indiscriminados.
Después el desiderátum de personajillos que se creen llamados por el destino a repetir la gesta de Pizarro y los trece de la fama al conquistar Perú. Aquí, como el novedoso Albert Rivera, enmendando la plana a Platón para alcanzar La Moncloa aunque sólo tenga 32 diputados, exceso de labia y demasiados consejos a impartir. Quizá el sueño le depare un orgasmo de satisfacción. Cierra la columna oclusiva a tres para impedir la formación de nuevo gobierno un tal Pedro Sánchez, socialista con los peores resultados históricos del PSOE, buscando pulsiones de vida hacia La Moncloa. O apoyarse en la tradición mítica de Freud donde Eros señala caminos de sexualidad.
Los demás –españoleiros y separatistas, patriotas y ácratas, demócratas y disgregadores– asistimos a la dramática partida y apostamos por quien ha revalidado éxitos en las urnas: Mariano Rajoy.

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