Manolito, Balbino y Aylan

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Manolito, “o neno do señor” de Neira Vilas, representa a todos los niños y adolescentes a los que no les falta de nada.Visten ropa de marca, tienen ordenadores, teléfonos móviles, tabletas, la nevera llena de alimentos y esta mañana se despertaron rodeados de cajas con más aguinaldos, una media de 10 juguetes. Sus padres se lo dan todo, pero los más sensibilizados con lo difícil que es educar están preocupados porque no consiguen hacerles comprender que la vida no siempre fue así de generosa como está siendo con ellos. Son los hijos de la abundancia, afortunadamente la mayoría de los niños españoles, a pesar de la crisis.  
Balbino, el protagonista de Memorias dun neno labrego, “un rapaz da aldea, un ninguén”, encarna a otros chicos que aprovechan la ropa de sus hermanos mayores,  abren las neveras de sus casas y están medio vacías y nunca tuvieron consolas ni sueñan con tabletas y otros artilugios que hoy envidian a los “manolitos”. En este grupo están los niños pobres de siempre y los hijos de la pobreza sobrevenida por la crisis.
Sus padres también están preocupados, primero por su futuro, y después porque no saben cómo explicar a los hijos por qué los Magos no pararon en sus casas y tampoco saben cómo ayudarles a recuperar la ilusión y a superar los sentimientos negativos por esa discriminación.   
Aylan Kurdi, el niño muerto en la playa de Bodrún, es el icono de todos los niños víctimas de la sinrazón de las guerras. En su huida, muchos pagan con la vida, como él, y a todos les arrebataron la infancia. Hay otros niños víctimas de otras circunstancias, como los que trabajan “legalmente” en Bolivia, los que son prostituidos, los utilizados como moneda de cambio en un comercio miserable...
Sus padres no entienden el cúmulo de intereses geopolíticos que causan los conflictos y los pequeños no piden juguetes, pedía un niño sirio a la Europa rica “por favor, parad la guerra de Siria” y, como los que son explotados en cualquiera de sus formas, reclaman desde el silencio y el dolor su derecho más elemental, “el derecho a ser niños”.  
Sin caer en la sensiblería muy propia de estas fiestas, un día como hoy, mientras vemos disfrutar a los nuestros de su abundancia, es obligado acordarse de estos otros niños, los  de la escasez y los refugiados de la tierra que vemos a diario en imágenes desgarradoras. Seguramente es lo poco que se puede hacer mientras no cambie este demencial “orden internacional”.   

Manolito, Balbino y Aylan