Derechos territoriales de moros y cristianos

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Las instituciones religiosas militares, nacidas durante la reconquista, sirvieron para la defensa del territorio peninsular ibérico. Fundadas principalmente bajo la Corona de Castilla durante el siglo XII, gracias a estas instituciones muchas zonas quedaron libres del dominio musulmán; y por sus conquistas les permitieron alcanzar un poder sociopolítico y económico que las convirtió en estados dentro de un Estado, y especialmente a la orden del Temple tener el sistema bancario más importante del mundo.

Las tierras y vasallos que atesoraron hicieron que, con un poder casi absoluto, algunas de ellas como la del Temple, ensombrecieran y debilitaran a los reinos de los que formaban parte. Apoderarse de sus riquezas fue la principal causa de su desaparición, como es el caso de la citada Orden abolida por Felipe IV el Hermoso (de Francia), y el Papa Clemente V, entre otros de los deudores a su banca.

Los nobles, en líneas generales alcanzaron los Maestrazgos de estas órdenes religiosas militares, aunque en sus filas militaran personas de toda clase y condición. Ser admitido en una orden representaba un honor para el elegido, debiendo jurar lealtad a la misma mediante una serie de rituales que bien podrían considerarse un bautismo litúrgico envuelto en una especie de halo de misterio. Ante todo, eran instituciones armadas y, organizadas con una regla de moral cristiana y disciplina militar. En definitiva, con capacidad para poder ejercer las principales funciones administrativas de los poderes públicos en un territorio, tales como: la justicia, la recaudación de impuestos y la defensa de las fronteras de su época.

De estas instituciones, hoy la mayoría desaparecidas, que ha habido en España tanto las órdenes de fundación autóctona como las surgidas en el extranjero, llamadas órdenes ultramontanas de nobles europeos, que bajo la oferta papal de Alejandro II: “el perdón de sus pecados si luchaban en Hispania contra el islam”. Desde el siglo VIII, con la invasión árabe y, la conversión en masa de los campesinos al islam, para librarse de los pesados tributos dominicales impuestos por la nobleza visigoda, fue la causa que dio más poder a los musulmanes, alcanzando así una rápida frontera hasta el Duero y el Pirineo.

Una canción, de la Segunda Cruzada, se refería al enfrentamiento entre cristianos y musulmanes como una batalla entre el cielo y el infierno: “Dios ha puesto ante vosotros esta guerra contra los infieles, que le han hecho un gran desprecio. Han capturado sus feudos, donde Dios fue por primera vez tomado y obedecido como Señor. Dios ha ordenado un torneo entre el cielo y el infierno, y pide a todos los que desean defenderle: que no le falten”. El odio-venganza contra los infieles en nombre de Cristo se convirtió en un argumento muy recurrente durante la Edad Media.

Este breve relato viene a cuento para una reflexión sobre la situación actual catalana. Acaso, los partidos políticos actuales representan una herencia de aquellas órdenes religiosas militares. Acaso se inspiran en las mismas ambiciones humanas con afiliación de lealtad al líder, con sumisión y acatamiento ideológico para así alcanzar un puesto en la orden, ocupar un cargo y poder administrativo de cualquier nivel. Su inquebrantable fe política, justificará imponer tributos y cargas a la ciudadanía, con el mismo argumento de esquemático maniqueo salvador, el patriotero cielo e infierno atávico, de buenos los míos y malos los tuyos, incluso hasta fracturar la pacífica convivencia familiar en la sociedad civil ciudadana.

Como dijo el personaje Max a Don Gay en Luces de Bohemia, allá por los años veinte: “¡Recémosle un Réquiem! Aquí los puritanos de conducta son los demagogos de la extrema izquierda. Acaso nuevos cristianos, pero todavía sin saberlo”. Ahora, desde el púlpito de la mediática televisión.

Es increíble a estas alturas, en plena era digital los planteamientos medievales sobre derecho territorial, es absolutamente retrógrado ante la evolución histórica de los derechos de la ciudadanía. Mezclar sentimientos y pasión intracultural enfrentando en debate a: las familias, los barrios, los pueblo, los lenguajes, la comida, etc. con el modelo de administración de un Estado. Plantear territorio como argumento, en plena revolución de la cibernética, del internet, de las videoconferencias, de los viajes espaciales, etc., ¿acaso una virtual corrupción intelectual formulada por líderes digitales (puestos a dedo)?

La nula capacidad política de los líderes de partidos para solucionar los problemas financieros de la sociedad española, nos lleva a presenciar espectáculos de confrontación esperpéntica, como si de un partido de futbol se tratase en pelea callejera: con banderas a la espalda, como capas de órdenes religiosas militares medievales, aquellas con cruces y estas con estelas. Masas lentamente motivadas por el odio-venganza de los descendientes de unos acomodados burgueses y anarquistas, extrañamente unidos, con la única intención de continuar ellos por los siglos de los siglos en el poder: “Oigo, patria, tu aflicción, y escucho el triste concierto que forman, tocando a muerto, la campana y el cañón...” Bernardo L G.

Con estos líderes ya será imposible lograr el diálogo, y mucho menos “una monarquía renovada para un tiempo nuevo”, serán otros, para poder asistir a cualquier modelo de futura estructura del Estado.

 

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