LA VERDAD

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Hay que tener el valor de decir la verdad, siempre y en todo lugar, nos cueste lo que nos cueste. Sólo la verdad nos hará seres humanos libres y responsables. Precisamente, por esa indigencia y olvido por indagar en la búsqueda, en 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 24 de marzo como Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con violaciones graves a los derechos humanos y a la dignidad de las víctimas.

Tengamos presente, que la verdad puede encubrirse, pero jamás apagarse. Tener la certeza de lo que ha sucedido es una forma de poner punto final, de aliviar el dolor por las pérdidas sufridas. La verdad, en suma, únicamente la apaga otra verdad. Por desgracia, las violaciones de derechos innatos se siguen produciendo. Hay un deber de los países a proteger y garantizar los derechos humanos, estrechamente relacionado con el Estado de Derecho y los principios de transparencia en una sociedad democrática.

Si la tortura sigue siendo aplicada por los responsables de brindar seguridad y si las confesiones extraídas por este medio continúan siendo usadas y aceptadas como evidencia en los juicios, las constituciones democráticas se convertirán en letra muerta. Si las violaciones de los derechos humanos de los menores se siguen produciendo a un ritmo alarmante, debemos preguntarnos, al menos, qué esperamos conseguir con todo esto. Nos queda, evidentemente, la reivindicación y la denuncia pública; contraria a la fuerza, que suele ser el derecho que utilizan los bárbaros para eclipsar la verdad.

LA VERDAD