MAL HUMOR

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Nos enseñan el trapo y entramos de cabeza. Es lo que tiene la sangre caliente. En cualquier calle puedes cruzarte con una Agustina de Aragón, la mecha del cañón dispuesta para hacer huir al enemigo francés que nos asedia. Que son muchos años de desencuentros.

Dicen algunos que tenemos cuestiones más importantes por las que preocuparnos que las puyas de los del otro lado de la frontera. Cierto. Como también lo es que igual estamos cansados de tanta inquina reconcentrada contra el poder político, el sistema bancario, la patronal...vivir en una indignación constante, atormentado por cuanto problema nos acecha, es agotador. Y que somos libres de que nos ofenda un chiste. No por ello estamos menos comprometidos con la búsqueda de soluciones a los temas trascendentales. También los filósofos hablan de frivolidades alguna vez.

Lo de los guiñoles franceses de humor tenía poco. Ataque gratuito y grosero, más bien. Una boutade, que dirían ellos. Pretendidamente ingenioso, pero zafio al final

 

Nos puede la pasión, lo reconocemos. Quizá deberíamos ser más templados, menos dispuestos a la polémica. Al fin y al cabo, somos expertos en hacer chascarrillos con cualquier asunto, por espinoso que sea. Nos reímos de nosotros mismos en cuanto tenemos ocasión. Si bien es verdad que una gracia ajena provoca menos sonrisas que una propia, nadie mejor que nosotros para entender el humor. Aunque lo de los guiñoles de la televisión francesa de humor tenía poco. Ataque gratuito y grosero, más bien. Una boutade, que dirían ellos. Pretendidamente ingenioso, pero zafio al final.

Comprendemos sus razones. La envidia es mala consejera. Te hace atacar al enemigo cuando está vulnerable y a menudo te arrastra a sobrepasar los límites de lo razonable. Hasta podría provocarnos compasión su actitud, si no fuera porque sabemos que les mueve la mala fe. Nos corresponde poner la nota de cordura. Mantener la serenidad y no responder al fuego con fuego. Palabras contundentes pero reposadas. Como las de Pau Gasol apuntando las claves del éxito deportivo español: talento, esfuerzo, perseverancia y humildad. Quien quiera entender, que entienda.

De pequeños nos enseñan que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Difícil ejercicio de contención en algunos casos. Necesario en la mayoría. Para no dar importancia a lo que no la merece. Lo bueno de las ofensas es que (casi todas) se olvidan con el tiempo. Y hay acusaciones que se desmontan con la misma facilidad con la que se lanzan. Solo hay que aguantarse el hormigueo que nos recorre el cuerpo y esperar. El recurso al pataleo se lo dejamos a otros.

 

MAL HUMOR