Financiadores de sueños

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La Consejera Delegada de una conocida entidad bancaria española, declaró hace unos días que “los bancos son los financiadores de los sueños de la gente”. Sin duda estaba preocupada, no sin razón, por la imagen negativa que muchos tienen del negocio bancario, agravada por las noticias recientes sobre las cláusulas suelo y otros problemas hipotecarios. 
Vaya por delante, que no soy ningún experto en organizaciones bancarias, he tratado eso sí con algún que otro banquero importante, a quien he querido y admirado. Al parecer tuve un pariente lejano relacionado con la banca, el tío Crisanto para mi abuela, del que solo llegué a heredar un sombrero de copa y algún que otro libro. Por lo demás me he limitado a ser usuario de los servicios bancarios, como cualquier hijo de vecino.
También es verdad que como  historiador y medievalista, profesor universitario, he tenido que preocuparme más de una vez por los orígenes y el desarrollo de la banca europea, allá por el siglo XIII, cuando occidente comenzaba su gran expansión mercantil. El negocio financiero era una necesidad, que se abrió camino a pesar de las resistencias y hasta repugnancias propias de la mentalidad del momento, contraria a darle al dinero el protagonismo y el valor absoluto que no tardo en alcanzar.
A estas alturas nadie va a discutir el papel que la banca ha jugado en el desarrollo de las sociedades modernas, a pesar de las quiebras y escándalos que haya podido protagonizar. Tampoco se puede discutir su capacidad de influencia y control económico a todos los niveles, desde la necesaria domiciliación de una nómina, a las posibilidades de ahorro e inversión. También controla por supuesto la financiación, a la que la mayoría hemos tenido que acudir en algún momento, para tener casa, comprar coche o dar estudio a nuestros hijos, entre otras necesidades.
No conviene, sin embargo, confundir sueños con necesidades, aunque puedan estar relacionados. Los verdaderos sueños tienen un carácter mucho menos material, no necesariamente ligado a la pura capacidad adquisitiva, que como mucho tan solo puede facilitarlos. A lo que se dedica la banca es a atenderlas necesidades y no los sueños, con el consiguiente beneficio para ella. Por eso la afirmación de la Consejera Delegada de que se trata de una “financiadora de sueños”, me parece un poco exagerada. Vamos que ni Papá Noel se atreve a tanto, entre otras cosas porque hay que tener una lógica solvencia para que el sistema bancario te atienda.
 La gente saca sus sueños adelante o, más bien sus necesidades, gracias a su propio esfuerzo y sólo espera que se le trate como es debido, con honradez y transparencia, dicho sea sin ánimo de dañar ninguna imagen.
 

Financiadores de sueños