A VECES EL DUENDE

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Estos días estoy descubriendo –el pasado también se puede descubrir, en tanto que es una novedad es ya presente–  el festival de Monterrey Pop del año 1968, con dos actuaciones memorables, la de Jimmy Hendrix y la de Ravi Shankar, que supusieron la consagración de un joven Hendrix y la mitificación de Ravi Shankar como maestro de toda una generación, así como el puente duradero que una generación hippie y psicodélica establecía con la cultura hindú y sus ideales de amor y paz. Estos últimos, por lo que se ve, tuvieron escaso resultado como se constata con el paso del tiempo y las múltiples guerras que el imperio que nos ha tocado vivir sigue provocando. 
Decía que la actuación de Shankar me recordó a nuestro flamenco, nuestro cante hondo y a aquel escrito magistral sobre el duende de Federico García Lorca. Es una interpretación de poco más de cinco minutos, la que se ve en la filmación, aunque la totalidad de la actuación de Shankar fue de cuatro horas. 
Como decía Manuel Torres: “Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes duende”. La magistral actuación de los dos es un ejemplo de duende, de ese duende que no echa de menos la técnica y que te hace olvidarte del tiempo de escucha y no hay distracción posible; todas las preguntas durante ese espacio de tiempo están resueltas, tal es el poder curativo de la música.
Durante esos días nadie pudo con el maestro hindú, ni con los músicos que lo acompañaban, el espíritu de la tierra, de todas las tierras, se plantaron allí y nadie sabe cómo ha sido, un poder transformador.  
Doscientas mil personas, que ahora en el mejor de los casos serán abuelas y abuelos, tomaron nota de aquel espíritu inolvidable que murió en  2012 a los 92 años de edad. El festival fue el precursor de aquel otro mítico de Woodstock de 1969. “La música dicta y en algunas ocasiones sopla”, decía Lorca en su magnífico escrito. Aquellos tres días sin ninguna duda sopló y ahora en ese supermercado que es internet se pueden rescatar algunos minutos de aquella obra de ángeles.

A VECES EL DUENDE