LA CORRUPCIÓN, DE NUEVO

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No hace mucho, mediados de diciembre del año pasado, la oficina catalana antifraude publicaba que según una encuesta realizada nueve de cada diez catalanes pensaban que hay mucha corrupción. Días después el CIS señalaba que la preocupación de los españoles por la corrupción se ha multiplicado por dos y que, erre que erre, los partidos políticos siguen siendo las instituciones más desprestigiadas del panorama institucional español.

Ahora, un informe de la división contra la corrupción de la OCDE afirma que en España no se toma en serio la corrupción, a juzgar por los resultados obtenidos en la lucha contra los sobornos en los contratos internacionales.

En efecto, mientras que en otros países se juzga y condena a funcionarios internacionales implicados en sobornos en la contratación internacional, en España desde hace 13 años apenas se han abierto 7 expedientes en esta materia.

Por eso, las autoridades de la división contra la corrupción de la OCDE, al analizar comparativamente lo que acontece en el mundo, concluyen que España no está siendo, por decirlo suavemente, diligente en este punto. Igualmente, no ha gustado nada en esta institución internacional, por obvias razones, la amnistía fiscal decretada por el gobierno español.

En este momento hay varios miles de políticos imputados en causas de corrupción. Muchas de las cuales salen a la luz, no por el celo investigador de las unidades administrativas supuestamente especializadas, sino por vendettas, o despechos, conyugales o patrimoniales. Ahí están los últimos casos para quienes los quieran consultar.

¿Por qué aumenta la preocupación de la corrupción en este momento? ¿Será porque la ciudadanía percibe ahora con más transparencia la realidad?. ¿Será porque las medidas de regeneración democrática implantadas han dado resultado? ¿Será porque los partidos, por fin, se han decidido a que la ciudadanía conozca sus presupuestos, sus fuentes de financiación, los sistemas de contratación de personal? ¿Será porque los sindicatos finalmente ha abierto las puertas de sus cuentas a al escrutinio público?

La regeneración democrática en España es un asunto urgente. No es sólo cuestión de estrategias, tácticas, medidas y códigos. Es sobre todo una cuestión de educación, de cultura, que tardara en calar en la sociedad. Por eso, si seguimos en un panorama general en el que se da por bueno que la empresa está para maximizar el beneficio en el más breve plazo de tiempo posible como único objetivo y que los votos hay que conseguirlos por el procedimiento que sea, no servirán de nada, absolutamente de nada lo que se pueda hacer en este ámbito.

O la recuperación de las cualidades democráticas empieza a nivel personal o seguiremos perdiendo el tiempo. Mucho me temo que para que cambien las cosas sea menester una cierta catarsis que de paso a otro ambiente. Un ambiente en el que prime otra forma de hacer política y, sobre todo, otra forma de conducir los negocios. Llegará más pronto o más tarde según el compromiso de los dirigentes en caminar hacia ese objetivo. Si prefieren seguir amarrados al vértice y continuar astutamente en la poltrona, tendremos que esperar más.

Si se deciden a dar paso a nuevas personas con mayores convicciones éticas y democráticas, tendremos que esperar menos. Y si el grado de temple y cultura cívica fuera el que cabría esperar, entonces el pueblo, de forma pacífica, pero firme, recuperaría de verdad el poder para confiárselo a quienes de verdad lo merezcan, no a esta partida de tecnócratas que solo piensan en su posición y en como permanecer en la cúpula.

Jaime Rodríguez-Arana es catedrático de Derecho Administrativo. Jra@udc.es

 

LA CORRUPCIÓN, DE NUEVO