Los empleos que vienen

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La consultora     FastFuture, especializada en tendencias de futuro, realizó un estudio en 2010 sobre el mercado laboral y concluía que en los próximos veinte años desaparecerán muchos trabajos que hoy realizamos y aparecerán otros nuevos como consecuencia de las transformaciones que se están produciendo en la sociedad.
¡En veinte años, dicen los expertos, importantes profesiones –y formas de trabajo– que se ejercen hoy habrán desaparecido para dar paso a otros empleos y a otro modelo de relaciones laborales y de vinculación con las empresas. Esas nuevas profesiones van a surgir en muchos campos de actividad, especialmente en el sector servicios, en las tecnologías de la información y comunicaciones, en las energías renovables, en el ámbito gerontológico y asistencial y en la biomedicina.  
Titulaciones como nanomédicos, farmagranjeros, expertos en ética científica, granjeros verticales, policía de clima, periodistas de audiencias segmentadas... abrirán oportunidades de empleo que, dice el estudio, requieren desde ahora la adaptación de los sistemas educativos para proporcionar los conocimientos, las destrezas y habilidades necesarias a los estudiantes para que sepan desempeñarlos cuando accedan al mercado laboral.
Pero parece que la planificación de nuestro sistema educativo no camina en esa dirección de adaptar los planes de enseñanza y los modelos de aprendizaje, desde la Formación Profesional hasta la universidad, a las demandas futuras, rediseñando un abanico de especialidades acorde con los empleos que vienen.  
Al menos eso se deduce de la disputa que mantienen la Xunta y las universidades en la reorganización del mapa de titulaciones para adecuarlo a las exigencias del mercado laboral que ya se está introduciendo en nuestras vidas. Las universidades defienden su “sagrada” autonomía y parecen más preocupadas por no perder los viejos títulos y hacerse con la enseñanza de medicina –en A Coruña y Vigo– que por compartir, innovar y ofrecer formación en campos que van a ser demandados en un futuro próximo.  
En esta situación de crisis, que dejará profundos cambios, a veces da la impresión que las doctas instituciones se pierden en disputas sobre cuál de ellas obtendrá mayores beneficios de lo que queda del declinante modelo educativo sin percatarse de que, como decía Alvin Toffler “se hallan empeñadas en una pugna por ocupar las proverbiales sillas de cubierta de un Titanic que se hunde”. 

Los empleos que vienen