AYÚDANOS, PATRÓN

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Un servidor tiene otros “santos laicos”, formados –en tiempos difíciles– en aquellas redacciones donde algunos jefes pensaban más en los anunciantes y en la autoridad que en los lectores a quienes se dirigía el trabajo. Te encomendabas, pues, no al patrón sino a la santa censura y al becerro del oro.

Con todo estoy dispuesto, tras repasar la columna del sábado de Ezequiel, a dedicarle una oración a San Francisco de Sales y pedirle que reparta luces entre los políticos que organizan ruedas de prensa sin preguntas convirtiendo al periodista en el recadero (del salón de actos a la redacción) de sus mensajes.

Si tengo que elegir entre las definiciones de periodismo, me quedo con la de que “se trata casi siempre de contar las cosas que muchos no quieren que se sepan”

Tampoco estaría de más que se revise la legislación actual; que se acabe con los bloques electorales en las televisiones y radios. También, querido patrón, debes evitar el compadreo, la confusión de roles entre los que informan y quienes tienen la información… Ya sabemos –más por años que nada– que el periodismo partidista, militante en algunos casos, y la política mediática que se hace desde muchos centros de información, vulneran la distancia necesaria para que el modelo funcione.

Más de una vez he sido testigo del compadreo de algún colega con una autoridad, lo que se traducía luego en las informaciones que leías o escuchabas. El compadreo, además, significaba un “plus” de información para determinado medio que, enseguida, se identificaba con el personaje, la institución que representaba y el partido que lo sostenía. Naturalmente tanto la audiencia, como los profesionales, sabíamos que aquellas informaciones tenían que ser vistas con lupa.

Tenemos suficientes pruebas a nuestro alrededor para asegurar que la clase política usa sus armas (a veces el poder que les da ser generadores de publicidad institucional y otras su posición política para el reparto de subvenciones o el veto a las mismas) no solo sobre los profesionales, la parte más débil de la cadena, sino sobre las propias empresas periodísticas poniendo todo tipo de trabas legales al ejercicio del periodismo independiente, duro y puro.

Si tengo que elegir entre las muchas definiciones de periodismo, me quedo con la de que “se trata casi siempre de contar las cosas que muchos no quieren que se sepan”.

Por eso, hoy, y ante el patrón, hago votos para que los males, trabas, mentiras de la política no cuenten con nuestra complicidad. Y si es posible, nunca con nuestro silencio.

Y ahora, a tomar unas copas.

AYÚDANOS, PATRÓN