Ese señor que habla como un matón de película

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Donald Trump parece incapaz de ir por la vida sin escandalizar. Imposible distinguir el personaje del hombre que se supone que hay debajo –quizá ya no quede nada– y saber si alguna de las barbaridades que dice y hace son fruto de su guion como rostro público o la esencia de un ser humano deplorable.

Hace un par de días se plantó ante los micrófonos para hacer una declaración que cualquiera entendería que debería ser sobria y mesurada, condiciones que se alejan mucho de cualquier cosa que tenga que ver con el presidente de Estados Unidos. Y en lugar de informar con la seriedad que requería la noticia anunció cual matón de una película de los bajos fondos de Chicago que el líder de ISIS en Siria había muerto “como un perro”. El killer Trump se regodeaba en sus explicaciones sobre cómo Al Baghdadi se había quitado la vida al saberse acorralado por los militares estadounidenses. “Como un cobarde”. Escupía las palabras como si disparase balas, dando la sensación de que, de haber podido, se habría sacado una foto con el cuerpo del terrorista a modo de trofeo de caza.

Este señor que se asemeja a ese tipo bravucón, con más incontinencia verbal que capacidad de reflexión y convencido de que está en la obligación de opinar sobre cualquier cuestión, con el que todos nos hemos topado alguna vez es, como suele gustarles decir por aquellos lares, el líder del mundo libre.

El hombre sobre cuyos hombros descansa la responsabilidad ya no de evitar sino de no provocar una guerra mundial decide lanzar este mensaje para que en cada rincón del planeta quede patente su macarrismo y no dejemos de preguntarnos cuál será la gota que colme el vaso, el órdago o el desplante para el que ya no haya remedio

Ese señor que habla como un matón de película