La convivencia

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Yo no sé si la crisis “funciona como una amenaza a la seguridad nacional”, como dijo el Monarca en la Pascua Militar. Pero sí se puedo afirmar que esa crisis desencadena y deja al descubierto una serie de hechos y debilidades en el Estado y en las instituciones que, una vez conocidos, representan una severa amenaza para la convivencia –en España y en Galicia– porque soliviantan los ánimos de la gente.

Por ejemplo, solivianta los ánimos que la Justicia se entere ahora –“a buenas horas, mangas verdes”– que el expresidente de la Diputación de Ourense contrató en 2010 a 115 familiares de personas de su partido para favorecer la elección de su hijo como sucesor, cuando esta era una práctica habitual que arrebataba a los jóvenes ourensanos la posibilidad de competir por un puesto de trabajo con el aval de su mérito y de su esfuerzo.

Como solivianta los ánimos la lista de los 83 políticos gallegos sometidos a investigación judicial en varios casos abiertos por presuntos delitos de prevaricación, cohecho, tráfico de influencias y otras conductas reprobables. Es significativo que la corrupción forme parte de las mayores preocupaciones de los ciudadanos.

Solivianta mucho los ánimos el ver que “el mismo sistema político-económico” que condena a los suscriptores de preferentes y a todos los ciudadanos a taponar los agujeros de la banca premia como asesor de Telefónica al último responsable, todavía imputado, del desastre de Bankia, que dejó miles de víctimas entre accionistas y afectados por preferentes y necesitó una inyección de miles de millones de euros.

Y solivianta especialmente los ánimos el informe de la Asociación de Inspectores del Banco de España, publicado por “El País”, en el que denuncian que el propio Banco de España no solo alteraba las conclusiones de la inspección ante las malas prácticas bancarias, sino que “la forma habitual de reacción ante los indicios de delito es mirar hacia otro lado”.

Mientras esto ocurre, a los ciudadanos se les aplican recortes, impuestos o se les condena al paro. Así está el país y, a pesar de todo, la convivencia no se deteriora gracias a la serenidad de la gente. El genial Forges dibujó a dos personajes caminando cabizbajos y tristes mientras analizan la situación y uno pregunta al otro: ¿Que te ha dicho el médico?”. “Que huya”, contesta este. Lástima que ahora ni siquiera nos quede Portugal, al que la crisis también se encargó de destrozar.

La convivencia