LIBERTAD... ¿DE QUÉ?

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La religión católica y la cristiana en particular, ocuparon esta semana el protagonismo informativo compitiendo con las noticias del triste panorama político. El viaje Papal, siempre lleno de símbolos, iniciado en Cuba con el histórico encuentro con el Patriarca Kiril, que continuó luego a México y el sublime “revolcón” a los obispos en el discurso de Chiapas (a ver si no queda todo en gestos y algunos toman nota) y que finalizó en la visita a Ciudad Juárez, capital de los Espaldas Mojadas, será el inicio del fin de los abusos a los indígenas y emigrantes por quienes tienen la obligación de protegerlos. Este viaje, espero, no quedará en actos simbólicos, tendrá repercusiones.
Mientras, en nuestro país, se confirma lo que parecían hechos aislados; me refiero al ataque premeditado y sistemático, lleno de menosprecio (suena duro, pero es así) al Cristianismo, escondido en algo tan abstracto, discutido y discutible como es la libertad de expresión, que, en la ignorancia, hoy todo justifica. 
Parece como si los cristianos, también perseguidos y asesinados en Oriente Medio, fuésemos culpables de todo mal. Con tal escusa libertaria, se ha abierto una veda para insultar, vilipendiar y todos aquellos adjetivos llenos de mala leche, al Cristianismo. No sé qué mal hace un movimiento religioso basado en las enseñanzas de Jesús de Nazaret, aquel que fue acusado con falsos testimonios, condenado a muerte y ejecutado por defender a los más débiles, incluidos los que no pensaban como él. 
El pasado día 15 se produjo el último ataque con motivo de la entrega de Premios Ciutat de Barcelona en un acto calificado como poético (¿) alguien leyó un bodrio insultante y despectivo para con los cristianos utilizando la única oración que enseñó Jesús y en la que se resume lo más profundo de nuestra esencia, el Padre Nuestro. 
Es inadmisible que en aras de tal libertad se insulte y burle a alguien. Y la Alcaldesa Colau (por cierto, Señora, renuncio a mi libertad de expresión para aplicarle a Vd. epíteto alguno que responda a sus argumentos), la justificó. ¡Ay Barcelona, símbolo de tanta cultura!

LIBERTAD... ¿DE QUÉ?