La burbuja energética

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Desde hace al menos diez años la burbuja energética en España creció de forma desmesurada, al mismo ritmo de los resultados de las grandes compañías del sector, de modo que Iberdrola, obtuvo en 2013 un beneficio neto de 2.572 millones de euros, Endesa se embolsó otros 1.879 millones y Gas Natural-Fenosa se quedó con 1.445 millones, en cuanto a la petrolera bandera española, Repsol, su cifra fue de 1.823 millones.
Todo ello sin el menor rubor en cuanto al cobro de tarifas ficticias de nueva contabilidad creativa que endosan al común de la ciudadanía desde su privilegiada posición y la escasa competencia existente, por no decir ninguna, siendo los perjudicados de esta anómala situación los millones de parados que sufren esta sangrante crisis en su entorno, así como también los cientos de miles de trabajadores agarrados al salario mínimo, que lleva congelado tres años y va para el cuarto, y, por último, los innumerables pensionistas de este país que cobran menos de los 700 euros mensuales.
Mientras que el gobierno de turno, en lugar de velar por la defensa de los colectivos más débiles, que son legión, mira hacia otro lado y bendice la tesis de las compañías convertidas en oligarquías muy poderosas, carentes de sensibilidad social por parte de sus dirigentes, sin importarles las numerosas personas de este país que no tienen suficientes ingresos para poder pagar unas injustas facturas.
En su defensa aducirán que no son “las hermanitas de la Caridad” y es cierto, pero el Gobierno podría apretarles las tuercas con una auditoría contable eficaz para ver sus asientos y la veracidad del costo de todo el sistema energético, que de esto nada se sabe, solo lo que se puede intuir.
Lo que sí es cierto es que en diez años el precio del kilovatio-hora de potencia contratada subió más de un 154%, al pasar de 1,75 a 4,46 euros, al tiempo que el importe de la energía consumida aumentó casi un 55%, al pasar de 0,0995 céntimos el kilovatio-hora a los actuales 0,1541. También la tarifa de gas multiplicó su precio en el mismo periodo y no digamos ya los combustibles de automoción.
Disfrutamos de la energía más cara del continente en proporción a la capacidad de nuestros salarios y pensiones, sin olvidarnos que disponemos de la mayor tasa de paro y de que no hay visos de poder bajarla al menos hasta 2018-2020 como mínimo. Esta peculiar carrera de la burbuja energética no conduce a ningún lado, salvo a mejorar los resultados de las grandes empresas y arruinar a la totalidad del país.
Hablando con Carlos Marcos, de Unión Coruñesa, se muestra pesimista sobre el asunto y no ve lógico este desfase de tarifas artificiales, con el consiguiente perjuicio para las empresas y los ciudadanos, que son precisamente el motor de la economía y el empuje de la ansiada recuperación. Ahora le toca al Gobierno mover ficha. ¿Lo hará? Ahí queda la llamada.

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