EL ESPÍRITU, LA MATERIA Y EL BRUTO

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Si al director de una fundación llamada Ideas se le pide algo, se supone que será eso ideas y, sin embargo, por tenerlas lo han puesto en la calle. A Carlos Mulas se le encendió la bombilla –una de las de bajo consumo que regalaba Sebastián en sus tiempos de ministro– y creo a Amy Martin, la entelequia perfecta, pues sin existir le reportaba 50.000 euros al año para completar su sueldo mensual de casi 6.000.

Amy Martin tenía espíritu de mujer del Renacimiento, entendía de todo, escribía de todo y cobraba como muy pocos. Pero resulta que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Amy Martin se llama Irene Zoé Alameda y casualmente está casada con Mulas. O sea, que los 50.000 euros eran gananciales, así que el creador y la creada tenían que ir a pachas; 25.000 para cada uno, que tampoco está mal, pero ya no es lo mismo.

Además, dada la superioridad moral de la izquierda, es evidente que a Amy Martin, ni siendo potencia ni siendo acto, no le movía la codicia material; la que a ella le motivaba era la espiritual, el ansia de transmitir su sabiduría para hacer más libre al género humano.

Todo lo contrario que al tal Luis Bárcenas, pepero recalcitrante, que solo pensaba en engordar su cuenta corriente. Si acaso en momentos de debilidad, pensaba también en la del dueño de la papelería cercana a la sede del PP, a quien le compraba cajas y cajas de sobres. Eso sí, no se sabe si de los caros, con la solapa autoadhesiva, o de los baratos, que cerraba con un lengüetazo cuando contenían en su interior la ayudita para que los compañeros del partido pudiesen llegar a final de mes.

¿Utilizaba Bárcenas papel reciclado? Tampoco hay certeza sobre ese extremo, pero es fácil presumir que Amy Martin sí lo haría. Un espíritu purísimo rechaza de plano la deforestación y de rebote apoya el cierre de todas las celulosas. En cambio, de quien fue tesorero del PP solo cabe esperar lo contrario: defensa a ultranza de las fábrica de pasta de papel y de la política de subvenciones a las empresas que talan la selva amazónica. Lo dicho, pura codicia material; la propia de los brutos.

Aunque, desde luego, para bruto, Urdangarín. Es verdad que en un vestuario, después de perder un partido o de ganar final, nadie habla como si fuese el chambelán del rey, pero los años que lleva en tratos con la infanta le debían haber servido para mejorar un poco las formas.

Firmar sus correos electrónicos con “El duque em... Palma... do” demuestra que no solo no aprendió nada sino que como aseguran muchos es un agente de la Tercera República, cuya única misión es socavar los cimientos de la monarquía para hacerla caer.

EL ESPÍRITU, LA MATERIA Y EL BRUTO