MISERIAS HUMANAS

|

Araíz de la hecatombe acontecida en las cajas de ahorro de Galicia, hoy, y por poco tiempo, una sola, salieron a relucir muchos “trapos sucios” que casi nadie conocía, pero que casi todos nos maliciábamos por los signos externos de muchos de sus ejecutivos-ejecutores y subsiguientemente “ejecutados”, y también los de algunos altos empleados.
Una de las causas de la hecatombe creemos que fue la forma en que se hizo una captación de pasivo, como se dice en el argot, que resultó ser una trampa saducea en la que se vieron pillados miles de gallegos que confiaron sus ahorros a las dos entidades gallegas de ahorro bajo el llamativo título de “preferentes” y lo que parecía una imposición a plazo fijo se convirtió en un calvario a la hora de recuperar el dinero depositado, cosa que aún pende de solución total y satisfactoria.
Aunque lo parezca, el asunto de nuestro comentario-opinión no es el funcionamiento de dichas entidades crediticias, sino los comportamientos de determinadas personas o grupos de personas ligadas de alguna forma a tales entidades.
Me refiero a la furibunda exigencia de la retirada a los prebostes de las cajas de los honores y distinciones que con anterioridad se le habían concedido, por los extraordinarios méritos que concurrían en sus personas y la generosidad que habían demostrada en el ejercicio de los cargos que les fueron confiados, así como sus acrisoladas honestidades y demás virtudes que traslucían sus ejemplares almas.
Por supuesto, tales honores y distinciones les fueron concedidas en su día por unanimidad de las personas que estaban facultadas para ello, y en cuya unanimidad nos incluíamos todos los ciudadanos de bien. Y es que cuando les fueron concedidos los tales honores los señores de marras eran una cosa.
Pero resulta que ahora esos señores son unos corruptos que se enriquecieron a costa de las entidades con unas remuneraciones astronómicas y ya no se merecen los honores que les concedieron los “pelotas” de entonces y nosotros que somos más puros que el agua pura no consentimos tales abusos.
Lo que pasa es que dichas retribuciones, por supuesto que excesivas, habían sido plasmadas previamente en los contratos formalizados, pero eso es mejor no tocarlo. En definitiva, que, a veces, los actos humanos que procuran la alabanza y el agradecimiento se vuelven después miserias e ingratitudes.

MISERIAS HUMANAS