LA ESPAÑA DE LA SUBVENCIÓN

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La situación que viven muchos españoles y el propio país, en este galimatías de nacionalidades y regiones, cada día más insolidarias entre sí, es preocupante. Hasta ahora, los políticos de las mil administraciones que cosecha esta nación han sido nefastos dirigentes y nulos administradores, han gastado lo que no está en los escritos. La consecuencia de este desbarajuste es bien clara: nadie se fía de nadie.

Los mercados tampoco confían en un país dividido. Ahí está el ejemplo de centenares de empresas y fundaciones públicas que operan bajo régimen jurídico privado, pero que viven de las subvenciones totalmente. O la concurrencia de organizaciones políticas, sindicales, patronales. La España de la subvención y el despilfarro tiene que desaparecer cuanto antes. Caiga quien caiga.

Por otra parte, cuando la promoción ciudadana queda exclusivamente en manos del Estado, la labor social se reduce a la administración de unos recursos a través de una serie de trámites burocráticos, en los que si cumples unos determinados requisitos, no siempre transparentes, te conceden tal subvención o curso de formación, por el hecho sin más de estar en una lista como desocupado, y a veces, ni eso. Considero que la promoción humana es una labor mucho más compleja. Se trata de acompañar a la persona en sus aprietos, lo que significa dialogar, comprender, ponerse en el lugar del otro, y para ayudar al otro primero hay que conocerlo y amarlo tal y como es, como sabemos cada ciudadano es único y singular.

LA ESPAÑA DE LA SUBVENCIÓN