Izquierdas y derechas

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La semana pasada el líder de los socialistas alegó su pertenencia a la izquierda como argumento para justificar el no de su partido a la investidura del candidato popular. La izquierda, señaló, no puede apoyar a un partido de derechas cuyas políticas quiere derogar.  
Falta por saber dónde pone él la frontera entre derecha e izquierda y qué líneas programáticas son las que distinguen a ambas posiciones. Por poner unos ejemplos, ¿qué es lo que diferencia a populares, socialistas y Ciudadanos en la vigencia de la Constitución, el modelo de Estado, la soberanía nacional e igualdad de los españoles, la economía de mercado, la lucha contra el terrorismo o el europeísmo? Nada, los programas de los tres son intercambiables.    
Con respecto a otras cuestiones como el estado de bienestar, la justicia, la seguridad, la regeneración democrática, la lucha contra el paro, la reforma de la ley electoral, la fiscalidad o la reconstrucción del Pacto de Toledo ¿son tan insalvables las diferencias entre derecha e izquierda que no pueden ser resueltas en una mesa de diálogo? 
En el prólogo para franceses de “La rebelión de las masas”, dejó escrito Ortega “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la ‘realidad’ del presente… como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías”.
Años más tarde, Fernández de la Mora sostenía en “El crepúsculo de las ideologías” que estas están siendo sustituidas por la racionalidad de la tecnocracia que busca los intereses del ciudadano que están por encima de las propias ideologías. “El marxismo se aburguesa y el liberalismo se socializa” por algo más importante como es el servicio a la gente.  
Claro que hay diferencias entre partidos y políticas, pero los conceptos clásicos derecha e izquierda están superados, son de otra época. Por tanto, que un dirigente que se dice de izquierda apoye o no la investidura del candidato de la derecha depende más de intereses partidarios, de odios personales o de orgullos heridos que de su ideología que, en todo caso, hoy está supeditada al pragmatismo a la hora de gobernar dado el escaso margen de maniobra de quienes forman parte del club europeo y pertenecen a un mundo globalizado.

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