El jinete pálido

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io XII (que bendijo los cañones de Mussolini), atizó a Franco en 1953 el Gran Collar de la Suprema Orden Ecuestre de la Milicia de Cristo. Máxima condecoración vaticana con un título largo de cojones. Pero en febrero de 1974, Pablo VI (miembro de una familia antifascista), por motivos prolijos de explicar, a través de monseñor Tarancón, que escribió y firmo un decreto de excomunión valido durante unas horas, excomulgó a Arias Navarro, su gobierno, y al propio Franco. Ahora, la prole de Franco quiere asotanarlo en la catedral de la Almudena a bombo y platillo, viendo que lo pueden chimpar del famoso Valle. “Pos fale, pos m’alegro”. Por mí como si lo ponen en la catedral de Santiago, al lado del otro ecuestre que también ganó una guerra Lo que hace falta es que el muerto vaya al hoyo de una puta vez. Ya lo beatifique la Iglesia (pelotas no le faltan después de la cuerda que dieron a su golpe fascista), o lo mande al cielo envasado al vacío, no herirá mi sentimiento no religioso.

El jinete pálido