Corrupción a destajo

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Se sabía casi todo de la operación “Púnica”, un caso de corrupción organizado por políticos y constructores que operaban en Madrid, pero nos faltaba el relato en primera persona de uno de los corruptores. Un constructor que admite haberse hecho multimillonario sobornando a varios políticos del PP y a alguno del PSOE. Salvo Granados, el resto de los señalados como receptores de comisiones y regalos han negado la mayor y anuncian querellas contra David Marjaliza, que así se llama el empresario que parece haber llegado a un pacto con el fiscal a cambio de “cantar”. 
De denunciar los sórdidos detalles del modus operandi establecido por una trama que durante nueve años manejaron a su antojo el urbanismo de algunos de los principales municipios de la comunidad. De creer a Margaliza con la varita municipal mágica que permite recalificaciones de terreno, millones de euros cambiaron de manos. El relato describe un tiempo en el que algunos políticos aprovechándose de su posición urdieron un plan para sistematizar el cobro de comisiones: ¡hasta del 20% para Granados! 
El proceso no podía ser más desaprensivo, la cantidad pagada en forma de mordida incrementaba el coste de la obra cuyo presupuesto era pagado por los ayuntamientos al tiempo que encarecía el precio a los futuros propietarios. La justicia debe investigar la veracidad de la confesión del constructor “arrepentido”. Pero no hace falta esperar a la sentencia para concluir que el descrédito de los políticos es un hecho que traerá consecuencias. El CIS recoge esa preocupación de los ciudadanos. Lo que no dice la última encuesta es que la corrupción pone en peligro el sistema democrático.FE

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