ARIZONA

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Con buena entrada en el Rosalía, ciclo principal, debutó dos representaciones la compañía Histrión Teatro estrenando “Arizona”, escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio. Una obra denunciadora y profunda. Frívola y perversa. Liberadora. A partir de un inconcebible picnic en el famoso desierto de los Estados Unidos un matrimonio, George y Margaret, se erigen en guardianes de fronteras tratando de librar al país suyo de cuantos invasores intentan asentarse en él. Un silogismo de dudas y sofismas sobre la pureza de la sangre propia enfrentada a genéticas raciales ajenas. No deben hacerse preguntas. El mal está ahí y debe combatirse a fuego. Nuevos errores humanos a fuerza de repetir odios viejos cuando perdemos la medida de las cosas y la ética escapa por un sumidero sin retorno.
Un progreso asentado en el cavernícola que defendía su espacio vital. El clan, la horda, la tribu en vanguardia. Como hoy donde las redes sociales dan chance a mil multiplicadores supersónicos que olvidan el talento y se lo conceden al tonto del lugar para enrolarnos en la mentira de engañarnos a nosotros mismos. Idéntico al protagonista matrimonio que transforma una comedia alegre –aureolada por la música de fondo de “Sonrisas y lágrimas”– hasta transformarla en tragedia con pasajes del himno nacional escuchado mano al pecho… El drama está aquí como en tantas ciudades donde habitan ciudadanos que buscan una vida mejor o huyen de guerras despiadadas y crueles.
Juan Carlos Rubio brinda sencillo telón que reproduce amarillento erial. Rumor de viento abrasador, iluminación y efectos especiales que mantienen tragedia absurda pero llena de grandeza. Gema Matarranz da en esa tierna sumisión al siniestro marido y sus alucinaciones persecutorias hasta la consumación de heroico sacrificio. David García Intraigo mantiene el tipo desequilibrado actual lleno de inquietudes.

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