PASADO Y FUTURO

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Vivir mirando al pasado, aunque sea un pasado más o menos glorioso, puede resultar un error. El pasado hay que mirarlo para aprender y sacar conclusiones, no para denostarlo o glorificarlo y menos para tratar de reproducirlo, como si ese fuese la principal esperanza de nuestro porvenir. Ni siquiera la rentabilidad económica o turística  que los vestigios de otros tiempos nos puedan aportar, justifican que toda haya de estar supeditado a su mantenimiento y conservación. El futuro no puede estar encadenado a unos planteamientos conservacionistas y reivindicativos de tiempos glorificados.
El efecto de intentar vivir exclusivamente del pasado suele ser la cerrazón, la desconfianza de todo lo que pueda venir de fuera, incluso la amargura permanente, a la que por desgracia parece que somos tan aficionados, pues nunca se llegará a alcanzar lo que quizá nunca existió, por lo menos como los profetas del pasado desean. Me refiero a los defensores oficiales de la dignidad y del patrimonio; los que viviendo o no de esas reivindicaciones, excluyen a todo aquel que no comparte sus planteamientos, haciéndoles objeto de descalificación, bien sea por no pertenecer al glorioso pasado que reivindican, bien por no adherirse a él de forma incondicional.
El pasado no siempre fue tan positivo y halagüeño como algunos quieren creer.Cualquiera que lea la descripción que hace de Ferrol el famoso vendedor de biblias Borrow, a principios del siglo XIX, se encontrará con un panorama desolador. Sin duda se trata en este caso del final de la etapa ilustrada, cuya herencia no fue tan positiva como algunos pretenden; lo cual por otra parte poco importaría, si no fuese porque quienes reivindican el valor absoluto de ese pasado ilustrado, se niegan a reconocer que pueda haber otras realidades de futuro. Por lo menos se niegan a permitir que puedan existir sin su aval y dentro de los planteamientos que ellos pretenden liderar.
Si se trata de eso, de liderazgos localistas, poco o nada tengo que decir, en realidad no me interesan. Ni siquiera me siento autorizado para criticar a nada ni a nadie, se me podría considerar como un advenedizo presuntuoso; simplemente me gustaría poner de manifiesto que, a pesar incluso de quienes hemos podido estar implicados directamente en su desarrollo, la implantación de un campus universitario en Ferrol, incluida su Facultad de Humanidades y Documentación, ha sido sin duda uno de los aspectos más positivos de las últimas décadas.
La institución universitaria, como opción de futuro, cumple una función muy precisa, formativa y educadora, también investigadora, con mayor o menor acierto, pero que poco o nada tiene que ver con actitudes localistas, por muy legítimas e importantes que sean.

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