La toma del otro palacio

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avia Veira, valor emergente de la política municipal, que purga con su soledad en el salón de plenos pecados que no le corresponden, pues los cometieron los bloqueiros que la precedieron en María Pita, experimentó ayer lo que se siente cuando uno es un okupa. Podía haberle preguntado a Xiao Varela, responsable de la Concejalía de Paseo de Bicicletas –camina por la calle con una como quien lleva al perro a hacer sus necesidades, pero jamás se le ha visto pedaleando–, que antes de tener despacho y sueldo oficiales probó a residir en propiedades ajenas, pero ella quiso vivirlo en primera persona. Se fue hasta la casa Cornide y la tomó acompañada por una patrulla nacionalista. Como ya habían hecho con el palacio de verano –el pazo de Meirás– que okupaban los Franco durante las vacaciones, reclamaron frente a la colegiata la devolución del edificio. Otra vez los bloqueiros adelantan por la izquierda a los mareantes, que cada vez se enteran menos de lo que pasa en Galicia; claro, sus liortas internas consumen todo su tiempo.

La toma del otro palacio