El manisero

|

Machín lo canturreaba como nadie: “Si te quieres con el pico divertir, cómprate un cucurucho de maní…”. Esto sí que no me lo van a discutir: en cartucho cabe mucho más que en cucurucho; y si es navideño, no te cuento.
Velahí pequeña gran polémica colateral al canto sobre el paquete de Nadal de Navantia, recortado, junto a otros derechos y conquistas de los trabajadores, en el preacuerdo con la empresa: Good-bye al polvorón, fare-well a moscatelas y orejones, en el funesto marco de una arrasadora crisis, donde un número incalculado de familias con menores a su cargo sobrevive gracias a los contenedores de basura.
Lo que de verdad me ha dejado sorprendido es escuchar algunas voces minoritarias que se engolan desde sus mansiones recién estrenadas en Dinerolandia, a la hora de quitar turrón duro al asunto: “¡Total se trata sólo de un cartucho…!”. Bueno, vale ya: puede que a ti no te haga falta; pero… ¿de verdad no conoces a nadie a quien eso que tú no quieres/ no necesitas y/o se te queda pequeño, pudiera calentar de solidaridad sus negras navidades 2013, una pascua tan triste, sólo sombras, que no se la deseo ni a Torrente Saga/Fuga…? En cualquier caso, no olvidemos que se estaría renunciando a una parte del salario abonada “en especie...”.
En estos duros tiempos que empiezan a ser fotocopia borrosa de los años cincuenta, se me acuerda mi infancia en Recimil y la llegada triunfal a casa del surtido: almendras de turrón con doble hostia convexa incorporada, peladillas que parecían ovejas en rebaño, mantecadas de Astorga con sabor a estación y una verde botella tocadora de gaita, con tapón en forma de nave espacial que siempre terminaba por estrellarse contra el techo…
Personal menos activo y más activo de Navantia (no corren tiempos de conjugar la voz pasiva, camarada Tovarich), en asamblea abierta, reclaman lo que es conquista suya y nadie ha concedido permiso de quitarles.
Les das un dedo y te comen el brazo (y hasta el bazo...). Al resto de la ciudadanía, nos toca un activo apoyo solidario. Lo decía la pancarta: “Todos somos Navantia” (y viceversa).

 

El manisero