HIPOCRESÍA DIGITAL

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Todavía estamos un poco traumatizados después de los atentados sufridos en París. Ha sido un duro golpe el que ha afectado a la capital francesa. Una puñalada directa al corazón de Europa. Nueva York, Madrid y ahora París. Está claro que las distancias no significan nada en un mundo globalizado, que las amenazas ahora están al doblar la esquina. La tranquilidad de tener el conflicto a miles de kilómetros no sirve, porque mañana pueden hacer caer un avión, poner una bomba en un tren o entrar con un kalashnikov en una sala de fiestas y convertirnos en protagonistas de la noticia.
Con la sangre aun fresca las respuestas en el mundo digital no se hicieron esperar. Banderas francesas inundaron Facebook y Twitter. Mensajes de pésame, de condolencia y también, porque no decirlo, de rabia y de impotencia ante una nueva masacre que no se entiende, obra de un fanatismo que nos ve como sus enemigos y para el que no estamos preparados. También al mismo tiempo la red se inundo de mensajes avisando que no todos los musulmanes son terroristas, que el acto de París fue obra de unos desalmados y que no se debía condenar a todos por el acto de unos pocos. Las redes sociales se convirtieron en un enjambre. Pronto surgieron también los dedos acusadores mostrando nuestra indolencia ante otras masacres perpetradas casi simultáneamente. Gente queriendo hacer sentir mal a aquellos que mostraban su apoyo a París y a Francia por no haberlo mostrado antes con Siria o con Líbano. Chantajistas emocionales habría que decir. Porque estos que nos acusan de que solo nos duelen nuestros muertos no habían abierto la boca con anterioridad. Hizo falta la masacre de París para que ellos también sacaran a la luz los muertos de Irak, Líbano y tantos otros. Acusar a la agenda de los medios de no querer informar es optar por la solución fácil. Vivimos en un mundo donde la información rebosa a golpe de tecla. Lograr saber lo que sucede a miles de kilómetros de casa no es algo difícil ni imposible. Y antes de lo de París yo no vi a nadie enarbolar la bandera de Siria, han tenido que pasar estas cosas para que ellos también se acordasen de lo que allí sucede. Hipocresía al máximo nivel, que no solo no nos deja llorar por los muertos de Francia sino que encima pretende señalarnos desde un supuesto púlpito de superioridad moral cuando ellos no son mejores que nosotros.
 

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