Almudena Grandes y Aurora Rodríguez Carballeira. De la realidad a la ficción

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En estos días de reconocimiento de la mujer para los quehaceres políticos, expresado en la elección de once ministras, ¡casi una docena!, para el nuevo Gobierno del PSOE, elegidas del sector académico, con méritos más que necesarios, retomamos hechos de hace 74 años.
La reconocida escritora Almudena Grandes ha comunicado que está preparando la vida de Aurora Rodríguez, la madre de Hildegart, en forma novelada, con el posible título de La madre de Frankenstein. Ciertamente no será la primera novela, pues ya disponemos de Entrada ao xardín do saber del autor ferrolano Henrique Dacosta. Almudena anunciaba por la SER, hace unos meses, que se centrará en la madre, en Aurora Rodríguez Carballeira, por considerar que la hija era sólo el proyecto de la madre. No hay duda de que cualquier hijo deseado es el proyecto de sus padres, incluso hay más, hay hijos que no llegan a rebelarse contra sus progenitores y terminan siendo psiquiatras, banqueros, o violinistas, siguiendo las pautas de los que los concibieron. Disiento de la apreciación de mi admirada Almudena, Aurora no consiguió doblar a Hildegart, justamente ella quería marcharse para ser libre en sus acciones, y además es posible que Hildegart se hubiese percatado de que su madre no era una mujer normal, pero le faltaron ayudas para dejar su casa. El dilema de Hildegart, pudo haber sido: “Si dejo a mi madre, le puede pasar algo grave, si me quedo un tiempo, puedo convencerla”. Por otra parte, hay que tener en cuenta que Aurora era una enferma paranoica, como bien explicó el psiquiatra Lafora, y para enfrentarse definitivamente a ella, Hildegart tenía que ser muy fuerte y estar amparada y defendida por otra persona tan fuerte como su madre.
Adelantó la escritora que se basará en la estancia de Aurora en el sanatorio psiquiátrico de Ciempozuelos, donde murió Aurora después de estar internada casi 25 años, tema que nadie conoce, afira. El hecho era conocido por varios novelistas e investigadores. Uno de los primeros autores sobre Hildegart fue Eduardo de Guzmán, al que tuve el honor y alegría de conocer en su casa de Madrid, donde me recibió junto con su esposa, me explicó que necesitaba dinero para la familia y noveló lo que le había contado Aurora en diversas entrevistas, los días que permaneció en la cárcel de mujeres sita en el centro de Madrid: “Yo no tenía tiempo para dedicarme a la investigación”. El contexto para investigar no fue favorable hasta más allá de la muerte del dictador. De Guzman no sabía donde se encontraban los documentos primarios, no pudo ayudarme. 
A finales de la década de los setenta, apareció un interesante artículo y un libro de Joan Llarch Hildegart, la virgen roja, 1979, en el que se hacían preguntas importantes y trataba de explicarlas con el máximo decoro y acierto. Ocho años después, el tema llegó al Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC) y los doctores investigadores Raquel Álvarez Peláez y Rafael Huertas García-Alejo, colaboraron en el libro colectivo ¿Criminales o locos? (CSIC, 1987) con dos artículos; “Aurora Rodríguez o el delirio eugénico: El caso de Hildegart”( pp. 59-110) y, “Crimen o sacrificio” ( pp.113-137).
El tema del asesinato y el proyecto y obra de Aurora, se respetaba y se valoraba en estancias máximas de investigación, pero faltaba el intento de reconstruir la historia de madre e hija. Fue cuando la profesora, que les escribe, se puso manos a la obra y consiguió saber donde estaba el archivo de la causa del asesinato visto por el juzgado de Madrid. En un semisótano de las Salesas Reales con un frío invernal, llegué a tomar cientos de notas referentes a la desgracia. El paso siguiente fue saber cómo había muerto Aurora. Me dirigí al hospital de Ciempozuelos y me presentaron al encargado del archivo que recogía los historiales de los enfermos e internados en el centro, allí estaba la de Aurora Rodríguez. 
El archivero era, nada más ni nada menos, que el doctor Tomás Alberdi jubilado, que había estado atendiendo a Aurora desde el primer día hasta que se murió el día de los inocentes de 1955. Cuando entrevisté al doctor Alberdi era mayo de 1986, el doctor contaba ochenta años, pero con un aspecto y entereza de muchos menos. En el libro reproduzco parte de la entrevista, donde se puede leer que el comportamiento de Aurora va de amable y correcto, a varias etapas de depresiones fuertes, empoderamiento, orgullo, crítica y dejación final, total. El doctor Alberdí contó que Aurora achacaba la fatalidad de la vida de Hildegart a haber predominado la influencia paterna –maligna– sobre la materna... No fue escultura de carne, lo fue de piedra, por eso no llegué a cincelarla...”. 
A partir de 1944 Aurora se queda sola, ni tutor, ni protutor, ni familia, hasta que se hacer cargo su sobrino José Arriola, el famoso pianista. El 15 de febrero de 1955 desde los Tribunales que se ocupan de Aurora y sus bienes, llegó una solicitud de informe sobre el estado físico y moral de la internada. Los doctores Martínez López y Alberdi Berraondo respondieron, entre otras cosas, que: “ padece esquizofrenia paranoide con delirio no sistematizado, y desde el punto de vista orgánico, aparte de la ceguera, tiene una uremia bastante avanzada, con frecuentes diarreas...”.
El año 1987 el médico Guillermo Rendueles publicó el artículo “ Las locuras del feminismo a propósito de la virgen roja” en la revista Ábaco, dos años más tarde sacó el libro El manuscrito encontrado en Ciempozuelos. Análisis de la historia clínica de Aurora Rodríguez. 
El doctor Rendueles estuvo unos meses en Ciempozuelos, él imprimió el término Frankenstein, para dirigirse a Aurora. Rendueles dejó la situación de Aurora entre la novela y la ciencia. Todos sabemos que el amarillismo atrae masas, o sea, vende. Estaríamos encantados de ver la presentación del libro en Ferrol, cuna de Aurora y del exitoso Primer Congreso Internacional sobre Hildegart en diciembre de 2014. 

Almudena Grandes y Aurora Rodríguez Carballeira. De la realidad a la ficción