LA LEY Y EL REGLAMENTO

|

Bienvenida sea la Ley de Transparencia, que incluye un código de buen gobierno para establecer, al igual que en la mayoría de los países de nuestro entorno, unas normas de conducta y una apertura a la información sin exclusiones que democratizarán las relaciones entre el administrado y las diferentes administraciones.

Lástima, como han dicho muchos, que llevemos un retraso de treinta años en ponernos al nivel de los países más comprometidos con la democracia, pero... Y es que el pero se despejará cuando conozcamos la letra pequeña.

¿Se puede responsabilizar al Gobierno, desde su presidente hasta el último del ministerio de Economía, si sube la deuda o si una agencia rebaja la categoría?

Y es que, fijándonos tan solo en la marcha triunfal de la vicepresidenta al presentar el proyecto, nos quedan algunas dudas que precisan urgente explicación.

Todos entendemos (aunque no entendamos por qué no se puso nunca en marcha) que se castigue al corrupto, que se cese al técnico o político que malgasta, pero no parece fácil discernir entre una mala gestión, una gestión injusta o una injusticia que lleva aparejada beneficios para un tercero.

¿Más claro? Si a un político se le puede multar, separar, amonestar por construir un aeropuerto para peatones, ¿se puede responsabilizar al Gobierno, desde su presidente hasta el último del ministerio de Economía, si sube la deuda o si una agencia rebaja la categoría?

Como ya se dijo, ¿si Rajoy no cumple, le mandamos para casa pasado mañana o esperamos cuatro años?

Aquí pasa, hasta que nos llegue la letra pequeña, como con la reforma laboral: está hecha para beneficiar a unos y tapar las vergüenzas de otros.

Tenemos ya leyes suficientes, las normas necesarias y, peor aún, numerosos ejemplos de que a los que meten la mano, se ponen las botas ¡aún encima! les premian con los votos. Además la ley tiene agujeros: no vale para la Casa Real, no sirve para la Iglesia, a la que el Estado premió con 10.000 millones en el último presupuesto ni para el Poder Judicial, que rechazó un plan para moderar abusos en los gastos y mejorar la productividad.

Así que menos coñas. Tonterías, las justas. Ya lo decía el otro: “Usted haga la ley y déjeme a mi el reglamento. No olvidemos que estos lo hacen todo: leyes, decretos, reglamentos. Y nosotros a resistir. ¿Empezó la reconquista en Andalucía?

LA LEY Y EL REGLAMENTO