Menos seguridad en las playas

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UNA serie de casualidades que se dieron durante el inicio del mandato de Xulio Ferreiro, o Varoufakis da A Gaiteira, hicieron pensar que era gafe. ¡Las desgracias nunca vienen solas!, dijeron miles de coruñeses, ninguno de los cuales, obviamente, había votado a la Marea, nasía pa’ganá. El primero de esos imprevistos se produjo el día que se acercó a Riazor para conocer cómo iban las obras del acceso en grada a la playa; coincidía con el estreno de los socorristas, que, mientras el alcalde supervisaba los trabajos, tuvieron que auxiliar a un bañista que no conseguía regresar a la orilla... Desde entonces se fueron sucediendo las calamidades sobre A Coruña, pero no hay razones científicas para achacárselas al regidor –al menos, en exclusiva–. Como tampoco se puede pensar que la xente do común haya reducido el dinero destinado al servicio de socorrismo en venganza por haber dado pie a que naciese la leyenda sobre la capacidad de Ferreiro para atraer el mal fario. Pero de todas formas pegar un tijeretazo que provoca una disminución de la seguridad en los arenales tiene narices. Incluso aunque muchos de los mareantes sean más de chalecito con piscina.

Menos seguridad en las playas