LA SENDA DE LOS ELEFANTES

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¡Alcalde, socavón! El ídem de Rubine –a la altura del grupo escultórico “Catalinas”–me recuerda, sin que tenga nada que ver con Xulio Ferreiro, la viñeta de “La Codorniz” para sublimar la censura hacia el lector inteligente. Y es que por mucho que repitamos y contemplemos espejos ajenos volvemos a incurrir –ídem de ídem– construyendo en los cauces de los ríos, en territorios ganados durante la bajamar o en esa carretera en desuso a la que volvemos un día y nos sorprende con violencia desatada. 
Son las obras civiles alzadas en la senda de los elefantes cuando una jornada inesperada, barritan y golpean el suelo con paso enloquecido llevándose cuanto encuentran delante. Como las inundaciones sufridas por La Coruña durante borrascas sucesivas, destrozo de mobiliario urbano y daños materiales padecidos cuando la naturaleza respondona reinvindica su propiedad. Y es que se han suprimido escolleras a la altura de las antiguas casas de baño, “La salud” y “Dorrego”, la eficaz protección del Orzán con coraza existente en maderas Cervigón y otros sectores del paso marítimo que cuando nos azotan tempestades quedamos con el culo al aire. 
Lo mismo sucede si observamos cuanto nos rodea. Regidores municipales que iban a sacarnos de males y llevamos ya más de seis meses vacacionales. A lo peor interesa posponer problemas y no hacer nada con el consiguiente cabreo vecinal. La revolución pendiente que nunca llega. O las peleas entre tirios y troyanos, urbanitas y boinitas, españoleiros y gallegos ben feitos que emulan guerras de cien años. El Breogán Rioboó, secretario de Podemos Galicia, enfrentándose a la purga staliniana de Pablo Iglesias, advirtiendo a su “casta” que no piensa dimitir porque fue elegido por las bases; los brahmanes Pujol, con el muy  honorable a la cabeza, atesorando millones de la secesión catalana… En fin, vamos de vuelta y todavía no hemos marchado.

LA SENDA DE LOS ELEFANTES