Demasiadas preguntas

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Pueden alardear de haber estado perfectamente coordinadas Policía autonómica (Mozos), Policía Nacional y Guardia Civil. De haber intervenido con proporcionalidad, firmeza y unidad. Pero les ha faltado efectividad. Todos hemos visto una Cataluña y, más en concreto, una Barcelona sin control. Y no por culpa de las fuerzas de seguridad actuantes, sino por haber sido mal mandadas. La coordinación no lo es todo.

Se dijo y repitió hasta la saciedad que el Gobierno había contemplado todos los escenarios. Bien se conocen, por lo demás, usos y costumbres de alborotadores y alzados: ocupar y bloquear servicios esenciales, como aeropuertos y estaciones.  Pues bien: una vez más las fuerzas de seguridad, mal mandadas, han llegado tarde a estos escenarios sensibles. Como en el 1-0, de hace dos años. 

Aquel retraso tuvo mucho de  desleal. Este lo ha sido por incompetencia de las cúpulas decisorias; por haberse quedado  cortas en la previsión y provisión de necesidades y dotaciones. Y claro, cuando en una concentración masiva no se personan con adelanto, las fuerzas de seguridad de a pie lo tienen imposible, como así ha sucedido. 

¿Por qué no se ha evitado que llegaran  sistemáticamente antes a los  puntos neurálgicos de las refriegas los vándalos del Tsunami Democrático? ¿Por qué ahora se nos cuentan pormenores de estos profesionales de la guerrilla urbana y no se ha actuado antes contra ellos? Y ahí tenemos a un ministro Marlaska compareciendo con aires de frivolidad para presumir de servicios de inteligencia. 

Si ya la reforma del Código Penal de 1995 propiciada por Felipe González y su biministro Belloch descafeinó la tipificación del delito de rebelión; si bajo el mandato de  Zapatero  y su ministro Alonso (2005) quedó eliminado el delito de referéndum ilegal ; si la ley de seguridad nacional no está pensada para el supuesto presente; si la euroorden tiene más que probada su ineficacia; si el 155 requiere  sus trámites constitucionales, y si el Gobierno se resiste a tomar medidas extraordinarias para contener el vandalismo rampante, resulta lógico que la opinión pública se haya preguntado indignada: ¿Y así, hasta cuándo?

No habrá que olvidar que en Francia Macron ha sacado al Ejército a la calle para reprimir a los  “chalecos amarillos”. Y que en la huelga de controladores  de 2010  Zapatero, con el ministro José Blanco al frente de Fomento, militarizó el espacio aéreo y declaró el estado de alarma. ¿Por qué ahora no caben medidas extraordinarias?

Por otra parte, y por muy importante que haya sido el Consejo Europeo de la semana pasada, ¿no ha podido Pedro Sánchez excusar su asistencia? En momentos de crisis la ciudadanía agradece muy mucho la presencia a pie de obra de sus dirigentes políticos. Sánchez, sin embargo, resucitó al tercer día y desapareció. Se fue a Bruselas. Y Marlaska da para lo que da. La sensación de abandono ha resultado evidente. 

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