Manos Unidas

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A la sombra de la nueva conciencia social sobre el  cambio climático, Manos Unidas, la ONG de la Iglesia católica de lucha contra el hambre y la pobreza, ha situado este año su campaña, en el buen entendimiento de que las consecuencias del general deterioro medioambiental que se vive son especialmente gravosas para las poblaciones más empobrecidas. En este sentido, el lema de la campaña es: “Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú”. Hoy domingo tendrá su gran Jornada nacional.

Cierto es que el discurso hoy dominante es el de los impactos o consecuencias de los nuevos patrones del clima sobre el mundo desarrollado y sus grandes entornos naturales. Pero no son las únicos que existen. Por eso, a lo largo de los próximos meses Manos Unidas va a poner el foco en la otra cara de la moneda, no por menos publicitada menos relevante: los efectos también sobre el trágico rostro humano de esos 821 millones de personas castigadas por el hambre; de los más de mil millones de pobres; de quienes se ven obligados a emigrar en busca de un sustento que la tierra les niega, o el de quienes enferman a causa de la contaminación de las aguas y los suelos. 

El rostro humano, en definitiva, con nombre y apellido de quienes viven en contextos de mayor vulnerabilidad, nacidos en esa calle equivocada de la aldea global, como decía hace algunos años el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y recordaba en la presentación de la campaña la presidente de la ONG católica, Clara Pardo. Este va a ser el enfoque general.

Los datos al respecto resultan  harto elocuentes. Las personas más desfavorecidas son, en efecto, las que más sufren el impacto de la crisis, pero son las menos responsables y las que menos herramientas tienen en su mano para luchar contra las consecuencias nocivas. Al tiempo, el 85 por ciento de quienes padecen pobreza extrema dependen, absolutamente, de la salud de los ecosistemas para alimentarse y sobrevivir. 

Por otra parte, los desastres climáticos y naturales condujeron en 2018 a 29 millones de personas a la inseguridad alimentaria aguda y amenazan con hacer lo propio con un total de cien millones. Son éstas, como digo, algunas de las realidades más relevantes. Hambre y pobreza resultan de esta manera muy relacionadas con los daños medioambientales.

Así las cosas, además de labores de sensibilización que lleva a cabo en su trabajo de educación para el desarrollo, Manos Unidas apoya también proyectos que ayudan a las comunidades a adaptarse a los cambios climáticos y reafirma su voluntad de seguir trabajando, como viene haciendo desde hace sesenta y un años, en la defensa de los derechos humanos como garantes de la dignidad de las personas y requisito indispensable en la lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad.

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