Sombras sobre el cerebro

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Uno de los órganos más desconocidos es el cerebro, debido a su complejidad y a la dificultad de acceso para su observación. En los últimos años, gracias a técnicas no invasivas como la imagen por resonancia magnética funcional (fMRI son sus siglas en inglés), parecía que las sombras sobre el cerebro se iban disipando. Es una técnica que detecta las zonas del cerebro que están reclamando más energía, y por lo tanto se encuentran en pleno funcionamiento. Para hacerlo observa en donde aumenta el flujo sanguíneo. El resultado son esas imágenes del cerebro con zonas de colores y que nos dicen que se activa cuando hablamos, cuando vemos una película o cuando saboreamos un helado. No es una técnica nueva, se lleva más de quince años con ella y ha servido de base para incontables estudios sobre el funcionamiento del cerebro. El problema viene ahora porque un equipo de científicos, liderados por Anders Eklund, ha destapado que muchas de esas zonas se pudieron iluminar por error, debido a un fallo del software que interpreta los resultados y al escaso rigor de algunos de sus colegas. En su trabajo, Eklund ha utilizado los programas más comunes para realizar tres millones de lecturas de cerebros en reposo. Se esperaba un 5% de falsos positivos, pero llegaron a alcanzar en algunos casos hasta un 70%. ¿Supone esto que hay que tirar a la papelera todos los trabajos realizados en los últimos años? No hace falta ser tan extremistas, pero si que sería necesaria una revisión a fondo de muchos de estos estudios. El trabajo de Eklund ha servido para denunciar un hecho que muchos científicos ya estaban comentando. Falta una mayor revisión de lo que se publica. Más allá de que un programa informático tenga un fallo que ponga en duda los avances en la investigación, hay un problema mucho más grave y que afecta a la ciencia en general. Falta que se repliquen los estudios. Nadie está comprobando que lo que publican los demás científicos esté bien, buscando obtener los mismos resultados con los mismos métodos. Y no es ésta una cuestión baladí, ya que afecta a uno de los pilares sobre los que se asienta el método científico: la replicabilidad de los resultados. Si esta controversia sirve para que los revisores que corrigen los estudios antes de publicarse en revistas científicas se tomen las cosas de una forma más concienzuda, bienvenida sea. Todo por el buen progreso de la ciencia.

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