Se nos van

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Se va. Se nos van los días de un verano entre el gris anacrónico de la lluvia y un sol que se escurría por las nubes, en lo alto, a golpes de bostezos. Se nos marcha. 
Marcha dejando las señales de los crímenes execrables de los periodistas Foley y Sotloff. Pero estos aterradores hechos no nos deben hacer olvidar otros de decenas de miles de iraquíes civiles muertos (66.081) tras la invasión de Irak por EEUU. Tampoco se debe olvidar las bombas atómicas de Nagasaki e Hiroshima, que produjeron la terrorífica muerte de unos 220.000 japoneses. Por citar dos ejemplos de la barbarie de Occidente. Mientras Occidente se divierte, Oriente parpadea entre oleadas de sangre y el camino ineludible de la muerte. 
Solo las balas conocen la ruta hacia la pobreza. Porque el mayor enemigo de Occidente es el propio Occidente con sus políticas intervencionistas que provocan genocidios. Ese ladrón de guante blanco.

 

Se nos van